El Gran Poder pierde el aprecio por el bordado Antes, las fraternidades eran pequeñas y los bordadores cubrían 30 ó 50 trajes. Ahora son grupos de 300 o más, y se opta por los trajes en los que los adornos se pegan con clefa.
TRABAJO ARDUO • Dos jóvenes bordadores trabajan en el bordado manual de un traje. Operan en la Kollasuyo.
El aprecio por la riqueza del bordado a mano es cada vez menor en los danzarines de la fiesta del Señor del Gran Poder. Aplicaciones, cintas con brillo, telas con diseños hechos a máquina, lentejuelas hilvanadas y otro tipo de adornos que se pegan con clefa en los trajes, reemplazan poco a poco a la tradicional artesanía.
Jorge Quisbert y Sixto Paucara lo saben porque son dos de los 170 bordadores de la Asociación Mixta de Bordadores Autodidactas, que se sienten afectados.
Estos cambios en la elaboración de la indumentaria obligó a muchos artesanos de la populosa calle Kollasuyo, de La Paz, a dejar el oficio, con el temor de que la transmisión de sus conocimientos a las nuevas generaciones se pierda.
Por ejemplo, María Paucara asegura haber nacido sobre los bastidores de su madre, porque en la década de los 40, cuando vio la luz, sus padres y abuelos ya bordaban trajes para sicuris, morenadas y kullawadas. En la actualidad, dijo, “el bordado ya no es una actividad rentable” por lo que incursionó en el negocio de flete de ropa para cholitas.
Dos de las explicaciones a este fenómeno son la crisis económica y la manera en que los grupos se masificaron. Así, muchos bailarines optan por el flete para reducir costos. Estos trajes están confeccionados en serie, no tienen bordados, pero garantizan colorido y buena presentación.
Por ejemplo, un sombrero borsalino cuesta, aproximadamente, 3.000 bolivianos. En una tienda de flete como La Paucarita, de la Kollasuyo, una persona puede salir completamente vestida de chola, con pollera, manta, sombrero, joyas, zapatos y trenzas, con unos 150 a 200 bolivianos.
Alberto Castillo, un antiguo bordador, recuerda que un traje de moreno se confecciona en algo más de dos meses; su costo es mayor a los 300 dólares, por las piedras e hilos que se utilizan. Sin embargo, dice que en la actualidad un traje de moreno se alquila en 120 bolivianos, pero aclara que éstos se hacen con aplicaciones “que se ven muy bien para satisfacer los ojos de las personas que no diferencian la riqueza de la artesanía manual”.
El artesano Rufino Chuquimia explica que los danzarines tienen la idea de que “es sólo para un rato”, y con ello justifican la elección de vestimentas que no lleven bordados a mano.
Claro que no son todos los casos. En el taller La Puerta del Sol Naciente, para este 21 de mayo, día de la entrada del Gran Poder, se confeccionan trajes originales para 120 danzarines de la fraternidad Kullawada del Gran Poder.
Es lamentable que se esté perdiendo el valor ancestral de los trajes, dijo Quisbert, quien es presidente de los bordadores. Por eso cree que desde el Viceministerio de Cultura se debería exigir que se respete el valor de la artesanía en estas expresiones folklóricas.
Una forma de lograrlo y que, según dice, fue expuesta a la Asociación de Conjuntos Folklóricos del Gran Poder es que en el momento de premiación a las fraternidades, se considere el tipo de trajes que utilizan, para revalorizar el bordado a mano y avanzar en el plan de reconocerlo como patrimonio paceño.