La Ley de Hidrocarburos que el presidente Carlos Mesa se propuso reformar desde el primer día de su mandato ha creado tal convulsión en el país que está a punto de adelantar la llegada del último día de su mandato.
En el balance de la gestión se podría decir que tuvo dos momentos opuestos. El primero, cuando interpretó el sentimiento nacional sobre la demanda marítima y lo tradujo en una postura firme frente al Gobierno chileno. Si Ricardo Lagos respondió con negativas fue por las urgencias de política interna que, ahora se sabe, no reflejan a la opinión pública de su país. El otro momento, el de la caída, fue su desafortunada segunda renuncia, el 13 de marzo de este año. Había cosechado, siete días antes, con su primera renuncia, el mayor respaldo a su mandato, y luego decidió, con pésimo criterio, repetir el plato. Quiso sumar, sin saber que la política es más álgebra que aritmética.
Esos días marcaron su gestión para siempre. El país había estado observando cómo el Presidente titubeaba, cómo mostraba que no tenía pasta para gobernar, para tomar decisiones. Cuando dijo que renunciaba, la primera vez, había tomado su primera decisión clara y la gente le dijo que debía seguir. Había aprendido cómo se toman decisiones. Podía, con un poco de esfuerzo, llegar a gobernar.
Pero la segunda renuncia fue la demostración de que no había aprendido nada. Y que quería seguir especulando, jugando a dejar las cosas siempre pendientes. Su lema seguía siendo “ante la duda, abstente”. Fue el momento que el presidente Mesa terminó su mandato. Lo que sigue desde entonces son solamente anécdotas. Para la gente, el Presidente dejó de serlo el 13 de marzo, pues mostró que era incapaz de timonear el barco de la nación. En el tiempo extra, en la yapa de su gestión, volvió a cometer errores. Tenía que decidir si promulgaba o rechazaba, con la posibilidad intermedia de reformar, la Ley de Hidrocarburos. Optó por seguir especulando.
Desde el Parlamento, un poder que se ha fortalecido en estos meses de abstinencia de cargos en el Ejecutivo, le ha dicho que este juego consiste en respetar las reglas. Él podía promulgar, reformar o rechazar la ley, pero no buscar un escenario diferente donde otros, como setenta personas, sean los que tomen la decisión en lugar de que lo haga él.
Es decir que si estás en el campo de juego no puedes seguir relatando lo que pasa en el partido: tienes que patear la pelota. Si te pusiste en la silla del jugador de ajedrez no puedes aspirar a especular diciendo cómo lo haría Capablanca o Kásparov: no tienes otra opción que mover una pieza. Así es el juego. Así son sus reglas. Pero sobre todo debes saber la regla de oro: si estás en jaque, no puedes hacer enroque. Esto se lo dijeron los parlamentarios antes de que se anunciara la suspensión de la reunión, dejando una cerrada incertidumbre.
Es decir que, en el balance final, hay que reconocer que el presidente Mesa ha hecho una gran contribución a la democracia del país. Ha mostrado que los partidos políticos, a los que él repudió, son esenciales para la democracia.
Mostró que quienes no tienen experiencia para gobernar, para tomar decisiones, es mejor que se abstengan de llegar a la política. Y que los partidos no tendrían que hacer demagogia invitando a periodistas famosos a entrar a la política. No sirven.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
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