Goni cree que Mesa correrá igual suerte Gonzalo Sánchez de Lozada, ex presidente, habló con Álvaro Vargas Llosa del diario chileno La Tercera. Aseguró que la división en el país creció en la gestión de Carlos Mesa.
Este es el texto de la entrevista publicada ayer por el diario La Tercera, con pequeñas ediciones.
¿Cómo ve el proceso electoral que se avecina? ¿Confía en la conducción del nuevo presidente Eduardo Rodríguez?
El proceso electoral es la única esperanza que nos queda. El actual presidente es un hombre de leyes, ex presidente de la Corte Suprema, que carece de ambición política personal, de modo que ofrece garantías, pero la cuestión es ver si los grupos radicales lo van a dejar conducir un proceso electoral libre y transparente.
¿Usted piensa participar?
Ni Carlos Mesa ni yo podemos participar, por razones constitucionales, como candidatos, pero yo trataré, en la medida de mis posibilidades, de contribuir al proceso electoral a través de mi partido.
¿El MNR irá con candidato propio o participará en alianza con otras fuerzas, como ADN o la agrupación que impulse Jorge Quiroga?
Eso está por determinarse, pero ojalá que haya una alianza de los grandes partidos para salvar a Bolivia. En lo que a mí respecta, va a haber un proceso interno para renovar el liderazgo en mi partido (MNR) y habrá que tomar una decisión al respecto.
¿Piensa regresar?
Yo pido una investigación justa e imparcial, con participación internacional, de todo lo ocurrido en mi salida de Bolivia, porque se me han hecho acusaciones absurdas de genocidio por cumplir con mi deber. Es importante que pueda realizarse esa investigación para que la verdad se abra paso entre tantas mentiras.
¿Cómo evalúa la presidencia de Carlos Mesa?
En este período se creó una mayor división regional en la sociedad boliviana y un mayor enfrentamiento social y étnico, y lo que estamos viendo ahora es el resultado de todo ese proceso. También hubo una mayor pérdida de autoridad y mucha demagogia. Le harán seguramente a Mesa muchas de las cosas que me han hecho a mí, achacándole toda clase de responsabilidades.
Los grupos radicales, incluidos el MAS y los sindicalistas aymaras, son eficientes en su labor destructiva, han demostrado capacidad para derrocar gobiernos, pero no figuran con mucha popularidad en las encuestas, ¿por qué?
Estos grupos no suelen tener gran respaldo popular, pero están en condiciones de desbordar la capacidad del Estado para mantener el orden. Este señor que lidera a los cocaleros y otros han creado zozobra, pero no han podido construir una alternativa. Representan una amenaza al orden democrático.
Hay un problema étnico y social entre el occidente y el oriente que parece dominar toda la vida política en su país. ¿Hasta qué punto este es el problema de fondo?
Creo que existe un conflicto con dimensiones étnicas entre un sector que se aferra a nociones arcaicas y un sector que quiere globalizarse. Este último, la Media Luna, ocupa dos terceras partes del territorio, pero representa sólo una tercera parte de la población. Al otro lado ocurre al revés. Estos factores juegan un papel. La única forma de que el sector más atrasado progrese es desarrollando los recursos naturales y creando una economía de exportación dinámica. Quienes se oponen a eso están impidiendo el desarrollo.
La dinámica separatista de Santa Cruz parece una reacción lógica a lo que perciben como una ofensiva del sector radical, pero da la impresión de estar exacerbando las pasiones. ¿Cómo percibe esto?
Es una reacción ante la amenaza contra sus tierras y propiedades, y contra la modernización de Bolivia por parte de violentos y populistas. Esa zona es muy rica en hidrocarburos. Sus dirigentes saben que hay mercados importantes en los países vecinos y aspiran a desarrollar ese potencial.
¿Pero es viable esa separación?
Eso sería el fin de Bolivia. Ahora, claro que es viable: con un tercio de la población que tienen grandes recursos hidrocarburíferos y para la producción de soya y la ganadería. Los que están empujando a este sector a buscar su propio camino son los verdaderos responsables de lo que está ocurriendo. Si las cosas siguen así, Bolivia podría convertirse en un nuevo Afganistán, un Estado fallido que sólo exporta drogas y desorden. En Santa Cruz hay una reacción contra ese peligro.
Muchos ven a Bolivia como un teatro de batalla donde se enfrentan el populismo, respaldado por el eje La Habana-Caracas, y las fuerzas a favor de la globalización, proclives al mercado y la democracia. ¿Es acertada esta visión?
En buena parte sí, aunque toda tesis de este tipo es algo simplista. En Bolivia hay grupos radicales financiados en parte por la droga y con apoyo internacional, que quieren que regresemos al pasado. Y hay otros grupos que luchan por desarrollar al país dentro de una concepción moderna de la economía social de mercado. Evo Morales y esos grupos que amenazan la gobernabilidad se insertan dentro del esquema revolucionario internacional. Si logran su propósito, las repercusiones pueden ser muy graves por el efecto desestabilizador en toda la zona.
“Existe un conflicto entre un sector que se aferra a nociones arcaicas y un sector que quiere globalizarse”, dijo Sánchez de Lozada.