El asesinato de Estéfani indigna a la gente y al poder El Presidente de la República, la Policía, la Fiscalía y otras instituciones se comprometieron a resolver el caso. La madre de la menor pide justicia. La ciudadanía la apoya.
por estéfani • Cientos de personas acudieron hasta el nicho donde fueron enterrados los restos de
la niña. Allí exigieron justicia contra el asesino. La PTJ pide el apoyo de la ciudadanía para investigar.
Sentada frente al féretro de la pequeña Estéfani, con lágrimas en los ojos y una visible desesperación ante la imposibilidad de volverla a abrazar, Roxana Aguilar, su madre, pedía justicia. “Pido justicia para mi muñequita. Que se encuentre a los culpables”.
Ella todavía no conocía las brutales circunstancias en la que le quitaron la vida a la mayor de sus tres hijas, dijeron sus familiares, pero el resto del país, ya estaba enterado del hecho que movilizó a ciudadanos y autoridades.
Conmoción, rabia, indignación, eran los sentimientos que la gente expresaba de diversas formas ante el brutal asesinato de una niña de apenas ocho años de edad, a la que le arrebataron la vida con 18 puñaladas en el pecho y el abdomen, luego de golpearla y ultrajarla en tal grado, que incluso el médico forense que hizo la autopsia, Raúl Caballero, dijo que nunca había visto un caso semejante de brutalidad.
Durante el velorio, que en primera instancia se realizó en una funeraria ubicada en el barrio de Miraflores, muchas madres se acercaban a Roxana para solidarizarse con su sufrimiento.
“Yo también soy madre, y este hecho no puede quedar en la impunidad”, comentó indignada Francisca Tórrez, una mujer que sin conocer a Roxana la acompañó en su dolor. “Tenemos que hacer algo. Esto no puede quedar así. Hay que organizarse para exigir justicia y seguridad para nuestros hijos”, expresó Alicia Flores, otra mujer que llegó a la funeraria para expresar su indignación y preocupación.
Mientras el velorio se realizaba, los padres de Villa Copacabana —zona donde Estéfani vivía—, los maestros y estudiantes de la escuela Elodia Lijerón —donde la niña estudiaba—, emprendieron una marcha pacífica con rumbo a la plaza Murillo, con el objetivo de exigir que se haga justicia. Los compañeros de Estéfani llevaban pancartas que decían: “queremos justicia”, “los niños tenemos derecho a vivir”.
Una comisión de padres de familia, vecinos de la zona y maestros de la escuela fueron recibidos por el presidente Eduardo Rodríguez, quien instruyó a los ministerios de Gobierno y Justicia, así como a la Policía tomar acciones inmediatas para esclarecer el crimen.
Según la directora del colegio al que la menor asistía, el Mandatario se comprometió a que en el corto tiempo de su gestión, “revisará las leyes que protegen a nuestros niños, así como el Código de Procedimiento Penal”.
El director de la Policía Técnica Judicial (PTJ), Miguel Estremadoiro, afirmó que asumió el caso de manera personal y aseguró que el mismo se solucionará en el menor tiempo posible.
El fiscal de Distrito, Jorge Gutiérrez, también se comprometió a trabajar hasta el cansancio para encontrar al asesino.
La Prefectura, a través de la directora departamental de Género, Marcela Martínez, se conformó en parte civil en el proceso, “para brindar todo el apoyo a la madre, y para acabar con la impunidad de estos hechos”.
También la Alcaldía, según informó el alcalde Juan del Granado, se convirtió en parte civil en el desarrollo del proceso.
A medida que el día avanzaba, la rabia de la gente aumentaba. Las imágenes del pequeño féretro blanco en el que los restos de Estéfani, “una niña bellísima, buena, un poco tímida, sentimental” —según comentó su madre— descansaban, fue una convocatoria indirecta para que la ciudadanía se exprese.
Es así que cuando el velorio se trasladó al patio de la escuela de Estéfani, varias voces, sobre todo de madres de familia, se hicieron presentes en el lugar para exigir que se imponga la pena de muerte para el asesino. Otras, en cambio, decían que ese sería un premio para él, en lugar de un castigo. “Hay que castrarlo”, dijo una de las presentes.
Antes de sacar el ataúd del colegio con rumbo al cementerio, Roxana pidió que se abra el féretro para que Estéfani descanse en paz abrazada de un osito de peluche y su muñeca preferida.
Aproximadamente a las 16.30, el cortejo fúnebre partió hasta el estadio, acompañado de cientos de personas que a voz en cuello clamaban justicia y pedían la muerte del asesino de Estéfani.
Cerca de las 17.15, el carro fúnebre llegó al último destino físico de Estéfani: el Cementerio General. Más de un millar de personas con pañuelos y flores blancas en las manos se congregaron para darle el último adiós.
Sus compañeros de escuela, maestros, familiares y personas que nunca la conocieron unieron sus voces para elevar una oración al cielo pidiendo a Dios que la tenga en su gloria y exigiendo a los hombres que hagan justicia.
Un caso similar hace seis años
El hecho • Luego de cuatro días, el 27 de agosto de 1999, las autoridades encontraron el cuerpo sin vida de Patricia Flores. Éste presentaba signos de tortura, estrangulamiento y violación.
Desaparecida • Los padres de la niña creían que estaba desaparecida, y la buscaban sin cesar. Nunca se imaginaron que su pequeña hija estaba muerta.
La niña • Patricia era una niña indefensa de apenas 10 años de edad que asistía a la escuela Vicenta Juaristi Eguino.
La población • La ciudadanía, indignada por el asesinato, asistió a su entierro pidiendo la pena de muerte para los violadores. El entonces diputado José Luis Paredes presentó un proyecto de ley que quedó en el olvido.