Tuto pide respeto al ganador y a su propuesta Jorge Quiroga Ramírez, ex mandatario de la República, confía en que en diciembre se repita el voto masivo que obtuvieron los ganadores en las municipales.
Optimista. Así se ve el ex presidente Jorge Quiroga después de haber retornado a la vida pública nacional para anunciar la conformación de un proyecto para participar en las próximas elecciones nacionales.
Quiroga, que aparece primero en las encuestas de percepción de voto (17%), recibió ayer a La Razón en las oficinas de la fundación que fue su trinchera en este tiempo que estuvo ausente del debate público, según dice no debido a un cálculo político, sino para no entorpecer el trabajo del Ejecutivo y para reconstruir su relación familiar.
Evita el enfrentamiento con sus potenciales rivales, aunque no oculta su condena al Movimiento Al Socialismo de Evo Morales, al que identifica como cabeza del radicalismo retrógrado. Con frases construidas, que utiliza insistentemente para reforzar su discurso, propone construir un bloque que prepare al país para enfrentar el siglo XXI.
¿Cuál es el motivo de su ausencia en el escenario nacional en una situación tan difícil como la que atravesó el país? Cuando dejé el Gobierno en agosto del 2003 tomé una decisión expresa, directa, de seguir las buenas costumbres que he visto en otros países: dejar la función pública y cuando otros la ocupen, permitir que la tengan y la tomen. Ha hecho mucho daño al país el sistema político donde uno termina la función de gobierno y al día siguiente empieza a hacer oposición. Por otro lado, sé que la gente en función pública parecería que no tiene una vida como todos en el país, pero no... tenemos hijos a los que no vimos mucho tiempo, a los que no les dimos suficiente atención y, bueno, es un período donde puedes reconstruir esa relación y lo he hecho con mis hijos.
¿Qué es lo que ha dañado al país en este último tiempo? Creo que lo que le ha hecho daño es el exceso de locuacidad, radicalidad, posiciones cambiantes, decisiones fluctuantes, ha hecho mucho daño todo eso. Yo tenía la sensación de que hubo mucho de posicionamiento político, de locuacidad y, particularmente, yo le puedo decir que en concursos de locuacidad o de hablar no voy. Creo que nos hemos confundido bastante en el último tiempo, parecería que sólo se puede buscar construir y aportar si uno lo dice a través de los medios y creo que llegamos a un paroxismo (exaltación, exacerbación) de locuacidad; era poco edificante participar de esta manera.
Finalmente apareció una salida... Celebro que hubiéramos encontrado una salida preservando la democracia, mediante el artículo 93 (de la Constitución Política), pero le garantizo que si yo salía a empujar esa clase de soluciones, exacerbaba el problema y no ayudaba a la solución. Muchos de los parlamentarios que votaron por esta salida respetando la democracia, hubieran utilizado mis intervenciones para hacer debate político y hubiera empantanado la situación en lugar de solucionarla. He aprendido en la vida que el silencio constructivo vale más que locuacidades polarizantes y destructivas.
Su última aparición pública fue en las elecciones municipales (2004), para respaldar algunas candidaturas; ahora lo hace nuevamente en un escenario electoral. ¿Esto es parte de un cálculo político? Van a haber toda clase de interpretaciones sobre eso. A mí me interesa construir país, tengo vocación para hacerlo. Si hubiese querido hacer cálculos políticos, en las municipales hubiese llevado a mis candidatos, directo y con partido, con proyecto, sigla y color. Lo que me parece perentorio, y ahora más que nunca por la crisis que hemos tenido, es cambiar la forma de hacer política. Hubiera sido contradictorio (apostar a un partido), después de haber peleado largamente para quitar el monopolio a los partidos políticos. Se tenía que cambiar eso.
Cálculo de ningún tipo... Si fueran cuestiones de cálculo podría haber salido públicamente vociferando que el Congreso no sirve y pegarme así a la onda anticongreso, pero si al Congreso lo queríamos dejar solamente como el problema no íbamos a encontrar la solución. Estoy seguro que el pueblo boliviano no aprecia ni le gustan las figuras públicas que hablan mucho, que hacen poco, que no deciden nada y divagan en todo. La gente prefiere que se hable lo justo, que se haga mucho, que se lleven adelante propuestas y que se tenga claridad en lo que se tiene que hacer.
Qué tipo de propuestas... Se necesita una reingeniería completa del Estado. Nosotros estamos dedicados a esto, a diseñar propuestas sobre la reingeniería del Estado que queremos construir para el siglo XXI. Tenemos en estas elecciones venideras —nacionales, regionales, para la Constitución y las autonomías— una gran oportunidad, pero también un riesgo, un riesgo de que la fragmentación de partidos se vuelva fragmentación de regiones, fragmentación en todos los niveles, y que terminemos solidificando las divisiones en lugar de romper los muros que nos dividen. Esta coyuntura requiere la construcción de un gran proyecto nacional que pueda dar respuestas a estas inquietudes que tiene el país y podamos desarrollarlas.
¿El proyecto que impulsa es la contraparte en su visión de país al que representa el MAS y el bloque de alcaldes? Yo no estoy en un proyecto contra nadie, quiero trabajar en un proyecto por Bolivia, para Bolivia y con Bolivia. Suficiente daño nos hemos hecho definiéndonos en contraposición a alguien o a otro proyecto, hay que definirse por y para algo, para un proyecto de gran unidad nacional.
De izquierda, centro o derecha... En Bolivia tenemos demasiada pobreza para ser de derecha y el mundo es demasiado redondo y demasiado interdependiente para aplicar radicalismos retrógrados, esa es la realidad del mundo que vivimos hoy. Nosotros, a diferencia de otros, no fuimos parte del gobierno de derecha de Gonzalo Sánchez de Lozada, no hicimos alianzas, pero ahora que el árbol se cayó se quiere hacer leña de él y quisieran meterme a la fogata para posesionarse ante el público con el discurso de izquierdas y derechas. Yo sé que es el facilismo de buscar encasillar en algún lugar a la gente y se busca desesperadamente que alguien ocupe el casillero de Sánchez de Lozada... decir a ver si lo podemos empujar al señor Quiroga a ese casillero; pero la gente no tiene amnesia.
Los alcaldes impulsan una alianza... (el único acercamiento que descartaron fue con Jorge Quiroga). Sobre alianzas y gente que habla, eso por práctica nunca lo he hecho, jamás haré eso del manoseo público de nombres, siempre me ha parecido de mal gusto. Sobre las declaraciones de gente que analiza y observa propuestas mías que no hice ni extendí a nadie, esa es la vieja forma de hacer política, hagamos junt'ucha (grupo) a ver qué me das, qué tengo. Primero hay que decir la visión de país que queremos construir y buscar las compatibilidades para llevar esta decisión adelante, porque el desafío que se viene es inmenso y ya no aguanta que busquemos replicar el sistema de las pegas, las cuotas y los espacios.
¿Quién representa en el país ese radicalismo retrógrado del que usted habla? Está claro que en lo que ha sido la imposición del estado de capricho por el Estado de Derecho, el partido líder ha sido el MAS, ese no es ningún invento. Ahora, tiene todo el derecho legítimo en democracia de apostar y mostrar su propuesta y su proyecto. Lo importante es que el país pueda escoger. Si queremos un estado de capricho o si queremos un Estado de Derecho que ayude a los pobres y atienda a los desprotegidos. Queremos hacer de la gestión pública un instrumento para ayudar a los pobres y no utilizar a los pobres para llegar al poder. Estoy convencido de que algunos pueden querer el radicalismo, el capricho y la imposición, pero más queremos el Estado de Derecho, el bienestar.
Sin embargo, la agenda nacional que acaba de ser encaminada ha sido impuesta por la presión y el radicalismo, tanto de El Alto como de Santa Cruz. ¿No cree que el problema es más bien que el Estado no escuchó las demandas principales de la población? Puede ser, pero yo creo que la agenda de país tiene que determinarla el votante, tiene que ser fruto de la convicción hecha propuesta, sometida a la elección y no la presión, porque entonces ¿qué hacemos millones de bolivianos que no queremos tomar instituciones ni bloquear calles? No es correcto que la agenda, la dirección y el rumbo se diriman y decidan por presión. Me parece que requerimos válvulas de salida democrática y que las decisiones de la agenda nacional sean fruto de la voluntad de todos los bolivianos expresada en las urnas y no de aquellos dispuestos a movilizarse.
¿Pero en las elecciones nacionales estos procesos (Constituyente y referéndum) no estaban incluidos en los planes de gobierno? Así es, y para serle muy franco, cuando se hablaba sobre una necesidad de reforma, el MNR se oponía a temas como la segunda vuelta, que todos los diputados sean uninominales, que la primera mayoría gane las alcaldías o tener concejales distritales. Las discusiones eran con Gonzalo Sánchez de Lozada, Carlos Mesa y Carlos Sánchez, que se oponían a la Constituyente y al referéndum. Pero el 2002 ganó Goni, que era muy claro en su posición de rechazo a la Constituyente y al referéndum, y lo fue hasta el final. Ahora llegó la oportunidad de pasar de las consignas a las propuestas.
¿Qué espera para después del proceso que se avecina? Espero que después de esta elección y la nueva Constitución tengamos, de aquí a un breve tiempo, que en todo ejercicio electoral la gente vote por gente, porque la gente quiere votar por gente y quiere pedirle cuentas. Todo boliviano tiene que sentirse representado a nivel local, regional y nacional, garantizando que sea un sistema que asegure tener los mecanismos de gobernabilidad. Me hubiera gustado mucho, y ojalá se pueda hacer, que en la elección esta se pueda hacer una segunda vuelta, para que el presidente venga de las urnas y no de la negociación en el Congreso.
¿Será que en esta elección la gente votará por gente o por el proyecto de país que propongan los postulantes? Claró que sí, por un proyecto de visión de país, pero también por la gente que encarne este proyecto de visión de país, porque en política los proyectos, las propuestas tienen que tener líderes que encarnen ese proyecto a nivel local, regional y nacional.
En la elección municipal, los candidatos que usted respaldó coincidieron en la necesidad de respetar la primera mayoría. ¿En las nacionales debe replicarse esta propuesta? Sí, aunque no albergo muchas esperanzas. Lo que sí le puedo decir es que, en lo personal, yo nunca jamás voy a ser presidente si no soy el que más votos tiene. Me dicen que políticamente no es conveniente, pero a la gente hay que decirle clarísimo: si yo no soy el que más votos tiene, no voy a ser presidente. Eso del triple empate etc... era legal, pero ya no se puede seguir haciendo de esa manera.
¿Qué riesgos implica? Mire qué paradójico sería que vayamos a la elección en diciembre y que el segundo en el Congreso haga negociaciones, termine como presidente y los nueve prefectos son los más votados (su elección es por mayoría simple). ¿Ese va a ser un gobierno que tenga la legitimidad para implementar su programa, cuando el presidente se siente con prefectos que le digan: tú eres el segundo, yo fui primero? Sería terrible y creo que todavía no nos hemos percatado de los cambios sísmicos que se están dando y de la oportunidad que existe.
¿Qué ocurre con ADN y este otro proyecto de aparente diferencia con el partido? Eso no es nuevo. Estoy en la construcción de un proyecto amplio y participativo, y sigo en ello. Quiero trabajar con toda la gente de bien, con capacidad, con honestidad y con dedicación. La gente no es ni buena ni mala porque sea de un partido, de un gremio o de un equipo de fútbol; hay gente buena, positiva y constructiva, y gente que no lo es tanto, en todas las regiones, en todos los gremios y sectores de actividad. Lo que necesitamos ahora es un proyecto amplio, nuevo y participativo; yo no puedo decidir por otra gente, no voy a entrar al manoseo y la especulación de quiénes se vienen y quiénes no, no me parece, no es constructivo y no le interesa a la gente, que quiere saber cuál es la propuesta.
¿En qué se diferencia su proyecto con el de Samuel Doria Medina? Creo que va a llegar una etapa para contrastar, recién se convocó a elecciones y se lanzarán propuestas de campaña en su momento. Hoy por hoy son personas que manifiestan cierto interés, que encarnan unos y otros valores. No he visto aún a nadie que tenga una propuesta de gobierno y me parece prematuro... porque lo que se viene es gordo y pesado, no es no más una agenda presidencial, hay que hacer una propuesta nacional.
¿Quiroga es el símbolo del mercado? Muchos quieren personificar a Quiroga, y entiendo por qué, como el símbolo del mercado. En época de crisis y de guerra vale más el Estado que el mercado. El año que estuve en la presidencia el Estado creó 60.000 empleos, abrió mercados en EEUU, donde llegan dos terceras partes de la exportación de La Paz.
Otro tema... llamó la atención el envío de dos cartas al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, mientras usted mantuvo silencio en el país. ¿Qué lo llevó a tomar esta determinación? Bueno, muchos dicen que los conflictos que se generaban aquí tenían que ver justamente con la influencia del señor Chávez. Venezuela tiene que decidir quién gobierna Venezuela, lo que no se puede aceptar es que un jefe de otro Estado quiera ser jefe de una campaña en nuestro país, con las acciones de flagrante injerencia que se llevan adelante, máxime cuando en Venezuela siempre hablan de injerencias de otros países en ese país. ¿Si se quejan de injerencia en Venezuela, por qué hacen acá de lo que se quejan? Me parece que amistades y afinidades pueden haber muchas, pero no actos de campaña política, de proselitismo abierto.
Venezuela apoyó la demanda marítima boliviana... Se jugó y se manipuló con los sentimientos más sagrados de Bolivia y se lo hizo abierta y flagrantemente: con eso del sueño de bañarse en playa boliviana y todo aquello, y después, el momento de la realidad, en la OEA no haya una posición de respaldo. Más aún, se convirtió, como país, en jefe de campaña del candidato chileno a la Secretaría de la OEA y, finalmente, a nuestros mercados de Brasil y Argentina les dice: Bolivia no es estable, yo tengo gas seguro y tengo gas por cien años. Por lo menos hay una influencia de instigación en lo que hace el Presidente de Venezuela. Esa clase de actitudes no condicen con lo que es el respeto a la democracia.
El referéndum del gas ha complicado la posibilidad de avanzar en un negocio energético con Chile y ahora se avecina un negocio como el anillo energético. ¿Mesa se equivocó? Es muy fácil criticar, pero lo que se hizo ya se hizo y hay que mirar al futuro. Hacia adelante, como gobierno, vamos a trabajar en ese tema. No me gustan los anillos, no me gusta el anillo terrestre que nos rodea y nos enclaustra marítimamente, no me gusta el anillo diplomático que nos hicieron para que Chile tome la OEA, no me gusta el anillo energético que nos quieren hacer. No soy amigo de los anillos, pero sí estoy convencido de que, con un proyecto que tenga mandato, vamos a poder decirle al mundo que el corazón vale más que un anillo. Siempre he creído que el rol vital de Bolivia es ser el corazón de Sudamérica.
"Ojalá que avancemos y que la gente elija gobierno y presidente, que no elija negociadores que en el Congreso negocien pegas y ministerios"
"Bolivia no va a salir adelante con una región a la que le va bien y otra a la que le va mal, no va a salir adelante con un sector al que le va bien y otro al que le va mal"
"Tenemos que tener democracia que le dé poder a la gente y no lo que hemos tenido: una democracia de dirigentes... Hay que confiar más en la gente"
"La propuesta no depende del color ni de los símbolos, depende del contenido que se le dé y de la gente que la encarna, yo voy a buscar trabajar en eso"
El próximo lunes • La Razón publicará una entrevista al candidato presidencial de Unidad Nacional, Samuel Doria Medina, en el marco de una primera ronda de diálogos con los líderes que trabajan hacia la elección de diciembre.