El municipio productivo con ambientalismo debe concebir un nivel operativo de soluciones inmediatas... Ante la tetramundialización de decenas de países del hemisferio sur, surge el municipalismo como un proceso de autonomía administrativa que pretende consolidar los poderes locales y constituir economías endógenas lo suficientemente solventes que institucionalicen el desarrollo comunitario.
Con la emergencia del municipalismo asistimos a una disponibilidad de recursos de explotación inmediata, que nos permiten vislumbrar hasta qué punto el municipalismo adecuadamente gerenciado mediante el criterio de cooptación puede promover progreso efectivo con la praxis del poder local interactivo.
La exploración y consiguiente explotación de los recursos naturales mediante políticas municipales de involucramiento social, ha demostrado que se puede alcanzar grados industrializables del acti- vo ambiental.
La dimensión ambiental que desarrolle el municipalismo debe estar estrechamente ligada — sino condicionada— a una política de progresión armónica desde la tierra hacia el territorio, es decir, la utilización demográfica de la geografía.
El ambientalismo en la línea de desarrollarse como una sólida industria municipal, debe conllevar una actitud sensata de lo que implica una reconceptuación de la naturaleza desde una visión filosófica, pasando por una admiración estética hasta culminar en una interdependencia comercial de alta rentabilidad que no margina la variante antropológica.
El municipio con ambientalismo puede llegar a constituirse en un complejo plan de desarrollo estratégico local, haciendo de extensas áreas silvestres, sitios propicios para la actividad laboral, el esparcimiento y la gestión de cadenas de servicios.
Pero, además, el ambientalismo como política municipal sostenible trasciende la simple productividad, como ninguna otra propuesta de fortalecimiento económico, plantea cuestionamientos acerca de los valores autóctonos, la concienciación y la información del nivel socionatural con responsabilidad de todos los actores involucrados independientemente de su nivel de participación.
En consecuencia, podemos concluir que el municipio productivo con ambientalismo, debe concebir un nivel operativo de soluciones inmediatas, mentalizando a sus ciudadanos acerca de la capital importancia que los recursos naturales tienen para la rentabilidad integral de la comunidad, si a su valor paisajístico adicionamos operaciones que traduzcan su potencial en bienestar objetivo.
Sin embargo, lo que debe quedar definido con absoluta claridad, es que el desarrollo ambiental del municipio no puede negociarse desde la polarización ni desde invectivas antineoliberales que imposibilitan todo intento de construir consensos, la pacificación social constituye el seguro cimiento de todo progreso local con promisorio porvenir desde el diálogo económico municipal.
*Marco Antezana es presidente de la Corporación Idetur.
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