Desde mediados del mes de marzo del año en curso el tipo de cambio de la moneda nacional se ha mantenido fijo en Bs 8,1 por dólar americano, cuando su comportamiento en el país siempre ha sido de una continua y casi constante devaluación desde que se cambió el signo monetario, luego de vivirse la total destrucción del anterior en el dramático proceso hiperinflacionario de los años 80.
En los últimos 18 años el valor del dólar americano ha seguido el mismo sendero del comportamiento del nivel de precios y de una manera más estable que el correspondiente a los precios. Esta conducta es destacable dado que Bolivia es una economía que tiene un sistema bimonetario, ya que las funciones del dinero cumplen tanto el peso boliviano como el dólar americano. A este fenómeno también se denomina “dolarización informal” a diferencia de lo que sucede con Panamá y el Ecuador que tienen economías formalmente dolarizadas.
Bolivia es la segunda economía del mundo, —la primera es Camboya— en tener dolarizado su sistema de créditos. Esta restricción no permite ni hace aconsejable tener un tipo de cambio volátil y poco predecible, como sucede con economías no dolarizadas. Si comparamos con lo que sucede con los tipos de cambio de países de la región encontramos que Chile, Colombia, Brasil, que son economías exclusivamente de moneda propia enseñan comportamientos algo volátiles de sus tipos de cambio. Perú que también tiene una economía dolarizada —algo menos que la boliviana— igualmente tiene un tipo de cambio muy estable y fijo, desde hace ocho años.
Si algo en Bolivia ha funcionado muy bien durante estos últimos 20 años ha sido la política cambiaria. El tipo de cambio se ha convertido en la variable sobre la cual la autoridad monetaria parece tener completo control. El tipo de cambio que determina el Banco Central de Bolivia es aceptado por todos los agentes económicos, lo cual le hace mucho bien a la política monetaria ya que ésta, en el país, no tiene la capacidad de poder influir sobre la tasa de interés, que es la otra variable clave para el buen funcionamiento de una economía.
La dolarización de la economía boliviana es una restricción que aconseja mantener la relación más fija posible entre las dos monedas para disminuir las distorsiones que se presentan en los precios, porque también se comprueba que no todos los precios en moneda nacional se ajustan de manera inmediata a las modificaciones cambiarias.
Un tipo de cambio casi fijo es aconsejable en una economía dolarizada porque disminuye el riesgo crediticio en el sistema financiero; los deudores que reciben ingresos en moneda local no tienen que destinar un monto mayor de ingresos para honrar obligaciones.
Pero para que el tipo de cambio pueda mantenerse fijo en el futuro, o con poca variabilidad, se hace imprescindible cuatro rigurosos controles permanentes. El déficit fiscal para impedir los créditos del Banco Central al gobierno; el de ingresos volátiles de capitales de corto plazo del exterior, que comprobadamente hacen daño a la economía; el déficit de cuenta corriente de balanza de pagos y la inflación de precios. El descontrol en cualquiera de estas situaciones pondrá en riesgo la estabilidad cambiaria alcanzada.
*Armando Méndez es economista.
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