La mala ley que genera la violencia La ley no está del todo bien en Bolivia. Pueden ser códigos modernos, muy adelantados, pero inadecuados para una sociedad como la nuestra. A falta de una ley que dé garantías al pueblo, suceden los tantas veces denunciados linchamientos.
Hace pocos días este medio expresaba su preocupación por la escalada de violencia que se está produciendo en Bolivia, y atribuía este fenómeno a las grandes deficiencias que tiene el país en cuanto a la aplicación de las leyes y a la falta de medios con que cuentan las autoridades encargadas de velar por la seguridad pública. Se decía entonces que a los delincuentes se los apresa, sorprendiéndolos a veces de forma in fraganti, pero que las normas legales obligan a liberarlos mucho antes que se puedan hacer los trámites de rigor para que sean procesados y menos aun que reciban una sentencia. Esto sucede a menudo con los delincuentes comunes que pululan por todos los barrios de las ciudades y por las barriadas pobres de los centros urbanos.
Sucede algo similar con otro tipo de delincuencia, aquella que se suma a las marchas y tumultos políticos, y que, sin miramientos de ninguna naturaleza, asalta tiendas, destroza escaparates, quema negocios, con el único propósito de apoderarse de la mercadería que queda abandonada, sin dueño visible. Es gente que pocas veces puede ser capturada por la Policía porque se mimetiza entre la multitud y, a veces, hasta la comanda. Si las autoridades los identifican, pasan a la Policía Técnica Judicial, están ahí alguna horas, niegan todo, y se les da la libertad inmediata.
Y otro problema con el que se enfrenta la justicia y que está sin resolver hasta ahora es el de las ocupaciones de predios y campos, de propiedad privada. A veces hasta haciendas en plena producción son objeto de avasallamiento, destrucción y aniquilamiento de edificaciones y ganados, además de la expulsión abusiva de quienes trabajan. Estos son los loteadores que bajo el rótulo de Movimiento Sin Tierra, han cometido tropelías en varios departamentos del país, pero, sobre todo, en Santa Cruz. Para el MST tampoco existe una sanción, y lo más que se ha hecho ha sido enviar fuerzas policiales, pero sólo para desalojarlos de los campos ocupados, no para someterlos a un proceso legal.
La ley no está del todo bien en Bolivia. Pueden ser códigos muy modernos, muy adelantados, pero inadecuados para una sociedad como la nuestra. Justamente, a falta de una ley que dé garantías al pueblo, suceden los tantas veces denunciados linchamientos. Y el lunes y martes pasados, en Cochabamba, dos personas fueron linchadas y quemadas y cinco se salvaron milagrosamente ante una turba enardecida que ya no soporta más los robos ni la falta de garantías de parte de las fuerzas de seguridad. Como sucedió hace más de un año con el Alcalde de Ayo Ayo, los dos individuos que cayeron en manos de los vecinos fueron llevados hasta la plaza principal de Arbieto, donde los golpearon, los colgaron y los quemaron.
Casi simultáneamente, en la comunidad Los ángeles, próxima al límite de La Paz y Pando, un grupo del Movimiento Sin Tierra irrumpió a tiros matando a tres peones y dejando a tres desaparecidos. Uno de los asaltantes murió. La gente que estaba en Los ángeles resguardaba un cargamento de castaña que se iba a enviar a Riberalta. Se repite en este caso el bandolerismo, el asalto a tierras productivas, donde los propietarios y trabajadores tienen que defenderse por sus propios medios. Lo grave es que hasta anoche las autoridades de La Paz no habían enviado todavía a nadie a la zona de la masacre.