En la tribuna, Felipe Quispe masculla su bronca porque su equipo no funciona y disfraza su decepción con una mueca casi sonrisa. Los “hijos del sol”, así nombra a sus pupilos del Deportivo Pachakuti el flamante dirigente deportivo, recorren la cancha con su atuendo negro como beduinos en busca de un oasis pero sólo reciben goles.
El reportero inquiere —en una magnífica nota periodística— acerca de las aspiraciones del equipo de fútbol y el Mallku responde que su meta es llegar a la Liga y enfrentar al Tigre, Bolívar y Oriente y para ello, sorpresa, buscará refuerzos de talentos cambas.
Así nomás, el multiculturalismo étnico convive con el regionalismo autonómico en un alarde de interculturalidad, todo gracias a esta pasión de multitudes. El reportero, en otro toque sutil, le pregunta acerca de las causas de la derrota del Deportivo Pachakuti insistiendo en la incapacidad de los delanteros para superar el “bloqueo” de la defensa contraria. Y Quispe, ya sin mueca, susurra: “Vamos a tener que aprender a desbloquear, pues”.
Que un dirigente sindical, un líder político o cualquier personaje público tenga relaciones con el fútbol no es novedad y no es culpa del fútbol (bueno, hay excepciones: si Julio Iglesias hubiera triunfado como arquero en el Atlético de Madrid, no nos hubiera torturado como cantante) y no estoy hablando de estrategias ni planes de posicionamiento, menos de formación de cuadros y cultivo de dirigentes sino de encuentros casuales porque, en la vida, quién no ha padecido por un gol en contra en el último minuto o la victoria espectacular remontando el marcador. Pero que la política y el fútbol andan enredados es cosa de toda la vida.
Me parece bien que Felipe Quispe haya optado por retirarse de la política e incursione en el fútbol, generalmente los recorridos son en sentido contrario, como aconteció con Genaro Flores, secretario de deportes y organizador de grandes torneos en la federación departamental de campesinos antes de erigirse como líder indiscutible de la CSUTCB.
O Evo Morales, primero secretario de deportes y después dirigente mayor de los cocaleros, con quien una vez sostuve una interesante charla futbolera y le comenté que mi Aurora estaba en la línea del MAS porque había “nacionalizado” su equipo, pero ante los resultados adversos optó por volver a contratar argentinos y brasileños, en una fórmula mixta que debía servir para discutir la ley de hidrocarburos.
Eso fue hace seis meses, ahora estamos en tiempo de elecciones que es como disputar una final de campeonato y algunos jugadores empiezan a mostrar sus habilidades y limitaciones.
Algunos, como Doria Medina, sin cintura para gambetear, han optado por jugar a las alasitas remedando antiguos estilos filantrópicos para ganar el aplauso de la tribuna, mientras otros, ajenos a lo que sucedía en el campeonato —como Tuto Quiroga—, no saben para qué sirve el alpinismo en este torneo y buscan un curso acelerado para saber a dónde patear, y hasta un par de titulares han optado por jugar en ligas menores. Cosas del fútbol.
*Fernando Mayorga es aurorista.
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