El futuro de la ruta La Paz-Oruro Apostar a otros criterios para evitar los accidentes —como la educación de los conductores y cambiar los hábitos culturales que les llevan, por ejemplo, a consumir bebidas alcohólicas— podría tomar por lo menos un par de siglos, si no más.
Mañana se entregará la rehabilitada carretera La Paz-Oruro, con un sistema de señalización que se anuncia como uno de los más completos. Según una autoridad de Caminos, las nuevas condiciones de esta ruta permitirán a los vehículos transitar con mayor facilidad y reducir los accidentes en esta vía.
El servicio de Caminos rehabilitó 37,28 kilómetros de carretera entre Senkata y Calamarca, y 166 kilómetros entre Calamarca y San Pedro. Y con la ruta Oruro-Potosí sometida a un trabajo de mantenimiento, se puede decir que el país tiene una vía completamente asfaltada y en buen estado desde La Paz hasta Sucre. Es un buen motivo para congratularse. No siempre el país tiene buenas noticias como ésta y por eso mismo es justo destacar el esfuerzo del Viceministerio de Transportes, del presidente del Servicio Nacional de Caminos, y de quienes participaron en esta inmensa tarea compartida.
Y ahora, hay que volver a mirar hacia adelante. Y en el horizonte está en estudio la posibilidad de abrir una nueva ruta que conecte a La Paz con Cochabamba por la zona de Río Abajo, con lo que no sólo se haría posible un transporte más rápido entre las dos ciudades, sino que también se abriría una alternativa que evite la asfixia permanente a la que es sometida la sede de gobierno cada vez que a algún partido o unos dirigentes se les ocurre bloquear rutas como único instrumento político para hacer escuchar sus demandas.
Pero en la perspectiva de considerar las carreteras como los corredores por donde transitan el comercio y las oportunidades de desarrollo —porque en algún momento el país volverá por esa vía, a no dudarlo— las autoridades de Caminos debieran pasar a una nueva etapa en la atención de la vieja y ahora mantenida ruta entre La Paz y Oruro, que con certeza es la ruta de mayor tránsito en todo el país. Es la ruta que más transporte de pasajeros posibilita y la que mayor uso comercial tiene por las exportaciones e importaciones que por allí se mueven.
Pero a la vez, y tristemente, es la carretera más peligrosa y la que más muertes ha cobrado por accidentes de tránsito. Entre las muchas razones que explican ese fenómeno, está la estrechez de la cinta asfáltica. De pocos lugares del mundo se conoce que una ruta tenga el mayor índice de accidentes con muertes como la carretera La Paz-Oruro. Ni el sangriento octubre del 2003, con todas las connotaciones sociales que esa particularidad tuvo, ni los desastres naturales se llevan en Bolivia tantas vidas como las que se toma esa vía.
Razón por demás suficiente para pensar, en el corto o mediano plazo, la ampliación del ancho de la vía para la coexistencia de al menos tres carriles. Se sabe que la soledad del altiplano y las pocas poblaciones cercanas a la ruta son testigos de que prácticamente a diario ocurren accidentes de tránsito.
Se trataría de un proyecto costoso, sin duda, pero ese no debiera ser un obstáculo para buscar opciones de financiamiento que resuelvan de una vez este problema que a fuerza de tanto repetirse parece eterno. Apostar a otros criterios para evitar los accidentes —como la educación de los conductores y cambiar los hábitos culturales que les llevan, por ejemplo, a consumir bebidas alcohólicas— podría tomar por lo menos un par de siglos, si no más.