Tiempos interesantes los que vive la región. Los países vecinos están proponiendo un esquema de integración energética por el que todos los recursos serían compartidos, amigablemente, con el lema de uno para todos y todos para uno.
Esto muestra un cambio de tendencia. Hasta ahora, los países vecinos habían mantenido la costumbre de encontrar soluciones a los problemas de la región mediante el método de achicar el mapa de Bolivia.
En las últimas semanas alguno de ellos, aferrado al viejo estilo, estuvo tratando de alentar la división de Bolivia. Ahora, con el desenlace democrático de la crisis política parece que esos planes quedaron en el congelador.
Lo cierto es que la idea del “anillo energético” ha desembocado, como era previsible, en una invitación a Bolivia para que se integre a este club de buenos amigos. El club de consumidores angustiados ha remitido una amigable invitación a uno que sólo podría hacer de proveedor.
Estos buenos amigos están ahora, sin embargo, empeñados en difundir noticias acerca de cómo han de evitar la compra del gas natural boliviano. Hay en esto una especie de coincidencia estratégica con algunas empresas que están empeñadas, a su vez, en anunciar que están preparando valijas para irse de Bolivia.
Con los países vecinos dándole las espaldas y las empresas resentidas para siempre, Bolivia enfrenta una situación delicada. Peor todavía: el gobierno del presidente Eduardo Rodríguez dice que no tiene expertos bien calificados para negociar con las empresas petroleras. Cómo los va a tener si con la “capitalización” de YPFB (la palabra parece una ironía en este caso) todos los técnicos y expertos tuvieron que emigrar y ahora trabajan en el otro frente. Patean para el otro lado.
Mientras se preparan los expertos, quizá sea bueno que el Gobierno adopte una táctica clara, con la cual podría matar dos pájaros de un tiro, pues respondería a la verdadera motivación de los vecinos y también a las rabietas de las empresas.
Y esa táctica debería consistir en hablar solamente de los precios. Con los países vecinos hay que sostener que los precios que se fijen para la venta del gas van a ser, en cada caso y en cada momento, los que más convengan a Bolivia. Esta vez Bolivia debe copiar el verdadero principio que guía a todos: el país no tiene amigos, tiene intereses. Por supuesto que esos precios deberán ser los de mercado, es decir el promedio del que tengan los proveedores alternativos. Pero esos son detalles que deben considerarse en su momento.
Ante las empresas habrá que sostener, de igual manera, que el precio de exportación debe ser el que más convenga a Bolivia. Quizá haya que negociar con ellas corrigiendo algunos detalles. Por ejemplo, que si la carga impositiva es de 50 por ciento de la producción, no corresponde cobrar, además, el impuesto a las utilidades y menos el de remisión de utilidades. Eso parece una exageración o un error.
Habrá que fijar una política ante los vecinos y ante las empresas y luego atender los otros temas, que fueron postergados por culpa del gas. Aquí voy a repetirme: ser monoproductores es suicida, pero más todavía si además somos monotemáticos.
*Humberto Vacaflor es periodista.
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