El país tiene muchas posibilidades para salir adelante. Habrá que trabajar en robustecer la unidad nacional, mellada en el anterior gobierno. Al doblar la página del gas se verá que concentrar tanta atención en ese único tema fue una pérdida de tiempo y un riesgo.
El gobierno del presidente Eduardo Rodríguez está mostrando un grado de responsabilidad que resalta si se lo compara con anteriores gestiones. Quizá por ello mismo haya que esperar de él un tratamiento y una atención especial para otros temas nacionales, aquellos que no fueron impuestos por las “agendas” violentas desde el 2003. La temática del gas natural invadió todos los escenarios y ocupó a mucha gente, dando la impresión de que se tratara del único tema del que los bolivianos podían hablar. Sin embargo, hay otros temas que merecen atención y que están creando situaciones tensas.
Como lo ha mencionado La Razón en una cobertura especial, el país está necesitando que las autoridades miren con atención el tema de la explotación de la castaña, o almendra, que se da en la región amazónica. El tema llamó la atención por choques sangrientos producidos entre bandos diferentes formados al calor de la explotación de un recurso natural renovable que se presenta en regiones de tres departamentos.
El hecho de que solamente en la recolección del fruto del árbol de la castaña participen en este momento 75.000 trabajadores muestra la verdadera dimensión de esta actividad. Bolivia, el primer exportador de castaña, no tiene una ley que regule esa actividad. Habrá que elaborarla pensando, sobre todo, en la necesidad de precautelar las fuentes de trabajo para miles de familias bolivianas.
En la misma región está el tema del río Madera, expuesto por un experto nacional en una entrevista con La Razón. Se trata de algo que tiene que ver con el futuro del país, pues alude al recurso hídrico más grande de Bolivia. Una empresa brasileña está interesada en firmar un contrato para hacerse cargo del estudio completo, que comprenda tanto el lado boliviano como el brasileño. Existe la posibilidad de que se trate de un complejo hidroeléctrico muy grande, además de que el río se convierta en una segura vía de transporte. Pero hay que tratar el tema con mucho cuidado.
En el extremo sureste se presenta otra realidad que merece una atención especial. Es el acceso boliviano a la hidrovía Paraguay-Paraná a través de Puerto Busch, en una región que se perfila como un polo de desarrollo por la presencia del yacimiento de hierro del Mutún y los proyectos de instalar plantas gas-químicas.
Pero sobre todo están temas como la educación, ahora sometida a la acción irresponsable de sindicatos radicales, o las universidades públicas, con presupuestos cada vez más millonarios para resultados tan pobres.
El tema del gas natural ha recibido demasiada atención. Bolivia tiene ahora una Ley de Hidrocarburos que, buena o mala, es producto del debate de los representantes de los bolivianos. Esas son las condiciones que se han fijado para la actividad petrolera.
Ahora es tiempo de terminar con esa obsesión. El país tiene muchas posibilidades para salir adelante. Habrá que trabajar en robustecer la unidad nacional, que fue mellada durante el anterior gobierno. Al doblar la página del gas se podrá comprobar que concentrar tanta atención en ese único tema fue una pérdida de tiempo y un riesgo para el país.