Picante, semipicante, dulce; el ají da vida en Chuquisaca FESTEJO • El pasado 8 de julio, productores e intermediarios se reunieron en Padilla para negociar. La demanda superó a la oferta.
EL SOL HACE LO SUYO • La imagen muestra a un grupo de agricultores chuquisaqueños que exponen el ají, de diversas especies, al sol para deshidratarlo, y luego comercializarlo.
El apego y la dedicación a las tareas agrícolas los heredó de sus abuelos, y aunque en algún momento pensó en abandonar al recuerdo el cultivo del ají, hace cuatro años un proyecto impulsado por la Fundación Valles renovó sus esperanzas en apostar por aquello que le gusta: “trabajar la tierra”, según comenta don Pánfilo Ramírez, un campesino.
Como él, más de mil agricultores que viven en la provincia Tomina de Chuquisaca cultivan distintas variedades de ají, picante, semipicante y dulce.
Don Pánfilo pertenece a la Asociación de Productores Agropecuarios San Julián (APASJ), una de las organizaciones cuya cosecha anual fue ofertada, en una rueda de negocios el pasado 8 de julio, en Padilla, a decenas de empresarios nacionales y extranjeros que acudieron a la IV Fiesta del Ají Chuquisaqueño.
En la oportunidad, la demanda superó a la oferta en 412 toneladas, pues los productores ofertaron 37.395 arrobas y los interesados pedían 72.853.
Un empresario taiwanés, por ejemplo, demandó la producción de ají que poseían todos los agricultores juntos. Sin embargo, eso no les bajó el ánimo, en todo caso los impulsó a considerar nuevas técnicas de mejorar sus cultivos.
Al momento, recogen 200 arrobas de la especie por hectárea, casi tres veces más de las que conseguían antes (80). Para ello, eliminaron las plagas de moscas y hongos que alguna vez dañaron el 70 e incluso el 90 por ciento de sus cosechas, gracias al Manejo Integrado de Plagas (MIP), practicado por cada agricultor, y que les permite ofertar cantidades que antes no hubieran podido siquiera soñar.
Uno de sus principales objetivos es competir con el mercado peruano. Entre los factores a superar señalan la falta de agua para regar los cultivos. La solución —dicen— está en la construcción de un sistema de riego alimentado por una represa. Este proyecto se estudia hace varios años en la Prefectura de Chuquisaca y, según los últimos informes, tiene un 95 por ciento de avance en el diseño final.
“Tenemos un sueño, de hace muchos años, que no llega aún, pero que parece ya está cerca”, asegura don Pánfilo Ramírez, lleno de entusiasmo. Él sabe la importancia de ejecutar este plan, pues su preocupación de cada día es conseguir el agua para sus tierras. Y así lo hace, extrayendo el líquido elemento desde lo profundo de pozos perforados a más de 15 metros bajo tierra.
Con él riega los cultivos de ají dulce, producto tradicional de la comunidad de San Julián, a siete kilómetros de Padilla, en el corazón de Chuquisaca. Su compañera de faena es su esposa y, a veces, también su hijo.
Para ello, recibe la ayuda del proyecto MAPA (Acceso a mercados y alivio a la pobreza), que beneficia a más de mil familias, a través de la Fundación para el Desarrollo Tecnológico Agropecuario de los Valles (FDTA-Valles), un esfuerzo compartido por los gobiernos de Bolivia y de EEUU, con financiamiento de USAID/Bolivia. Redacción Sucre
Los productores
Productores • Alrededor de mil productores se dedican al cultivo de ají, sólo en la provincia chuquisaqueña de Tomina.
Asociaciones • Entre las organizaciones que buscan mejorar su rendimiento para competir en el mercado internacional se hallan: Apromají Valles Serrano de Villa Serrano; Apromají Pedernal y Apromají Sauce de Monteagudo; Apajimpa de Padilla, y Apa de Alcalá, y la asociación de San Julián.