El desminado en la frontera con Chile Pero esto no significa que los bolivianos estén alborozados porque Chile retire las minas, sino apenas prudentemente satisfechos. Minar la frontera fue un acto de hostilidad de parte de Chile; desminarla no es sino una obligación de vecino y nada más.
Hace más de un cuarto de siglo Chile sembró de minas antipersonales y antitanques algunos tramos de su frontera con Bolivia. Esto se produjo como consecuencia de una amenaza de guerra entre los vecinos transandinos y la República Argentina, cuando Chile pensó que Bolivia y Perú podían alinearse al lado argentino y hacer vulnerable su territorio por el norte. En aquellos días estaba pendiente todavía el diferendo chileno-argentino por las islas Lennox, Picton y Nueva, en el canal del Beagle, que un fallo arbitral de la Reina de Inglaterra dejó en poder de Chile.
El hecho concreto es que algunos tramos de la frontera occidental fueron minados y que, desde el jueves próximo, Chile, en cumplimiento de la Convención de Ottawa, deberá limpiarlos de artefactos explosivos. Esta es una buena señal de parte de los vecinos, más todavía si durante tantos años Bolivia estuvo sometida a una franca agresión. Pero —ya se dijo en una anterior oportunidad— esto no significa que los bolivianos estén alborozados porque Chile retire las minas, sino apenas prudentemente satisfechos. Minar la frontera fue un acto de hostilidad de parte de Chile; desminarla no es sino una obligación de vecino y nada más.
De ahí que parece un exceso que el Ministro de Defensa de Bolivia vaya a estar presente en el inicio de los trabajos de retiro de minas. Hubiera sido más que suficiente con que las Fuerzas Armadas de la Nación hubieran destacado a algún alto jefe —ningún Comandante de Fuerza por cierto— para que observara el cumplimiento de lo dispuesto en la Convención de Ottawa. Porque, ¿qué puede hacer el Ministro de Defensa en esa ocasión? ¿Agradecer por el hecho de que Chile empiece un desminado que no tendrá su fin hasta el año 2012? ¿Ser testigo de que, por fin, a los bolivianos se los deja transitar por su frontera sin miedo de volar por los aires? ¿Demostrar gratitud porque Chile levante un nuevo enclaustramiento que ya no estaba en el mar sino en el continente? Y lo que faltaba: ha trascendido el beneplácito causado en el Ministerio de Defensa porque “todo el trabajo será realizado por el Ejército chileno”. ¿Pero es que además se pensaba que Bolivia iba a gastar recursos y a ocupar su Ejército en esa tarea?
Es un hecho positivo el que Chile deje atravesar su frontera y que los campesinos bolivianos no estén sometidos al miedo de la pérdida de sus ganados. Ha sido una inversión muy grande para Chile —como toda inversión en armas— gastar en la adquisición de minas antipersonales y antitanques para enterrarlas en lugares por donde, en un cuarto de siglo, sólo transitaron campesinos —hombres, mujeres, niños— y auquénidos. Y el costo es grande si se toma en cuenta que para el trabajo de retiro de minas se necesitan decenas de millones de dólares. Ese debe ser, seguramente, el precio de la seguridad estratégica, aunque frente a una nación como la boliviana, que carece de fuerzas acorazadas como para inquietar a Chile, parece realmente enorme.
El Ejército de Chile afirma que las minas “sembradas” en sus fronteras con Argentina, Perú y Bolivia, no han sido tantas como sus tres vecinos afirman. Si es así, tanto mejor. Minas más o menos, ojalá que lo establecido en Ottawa se cumpla escrupulosamente y que Chile no vuelva a cercar a Bolivia con explosivos nunca más.