En medio de la profunda crisis, los espacios locales gozan de la remozada legitimidad que les otorgó el voto ciudadano en las elecciones del 2004.
Desde hace varios años los municipios se han convertido en espacios políticos distintos, por varias razones: su cercanía a los problemas cotidianos de la sociedad local, la vinculación directa entre la población y las autoridades elegidas, la vigencia de mecanismos de democracia participativa establecidos como los POA, PDM o los Comités de Vigilancia —más allá de sus deficiencias—, el acceso de personalidades e identidades representativas del ámbito local a los gobiernos municipales, más aún con la incorporación de candidaturas independientes.
Quizás uno de los logros más importantes de la Ley de Participación Popular ha sido precisamente la profundización de la democracia en espacios microsocietales; sin que ello quiera decir que se encuentren eximidos de los problemas de representación y gestión que se presentan en el ámbito nacional.
Por todo ello, los alcaldes —particularmente los actuales— cuentan con un importante nivel de legitimidad y apoyo entre la población. Este hecho sin duda los habilita para participar más ampliamente en el espacio público, generando opinión o bien, acciones que incidan en la resolución de situaciones críticas.
Tal fue el caso de los pronunciamientos y huelga de hambre propiciada hace unas semanas demandando una salida institucional a la crisis, de la misma forma en que participaron otras organizaciones sociales comprometidas con el destino del país.
Sin embargo, resulta absolutamente impertinente incorporarse en la carrera electoral hacia la Presidencia de la República por muchas razones, pero principalmente por dos: los alcaldes que decidieron conformar un bloque político y llevar a la Presidencia a una de las autoridades ediles, fueron electos por el voto popular hace menos de seis meses, y mínimamente se espera que cumplan con el mandato popular asignado, de otro modo estarían reproduciendo aquellas prácticas que censuran en su discurso.
¿O será que los municipios se están convirtiendo en un trampolín para acceder al ámbito nacional, con un uso instrumental de la voluntad popular? En segundo lugar, es obvio que la lógica de la votación municipal es distinta a la nacional, los datos demuestran una irradiación inversa, es decir de la acumulación y espacios de influencia nacionales hacia los espacios locales, pero obviamente las cualidades de un alcalde no son las mismas que se esperan para un candidato a la Presidencia de la República y eso está muy claro en el discernimiento de la población.
El modelo ensayado por Reyes Villa hace pocos años ha demostrado justamente que no existe una asociación automática entre lo local y lo nacional y que, el resultado en el corto plazo parece ser un no feliz retorno hacia lo local.
Al parecer, la confusión inicial ha surgido, en algunos casos, del doble rol que juegan algunos alcaldes que al mismo tiempo son jefes de sus partidos o agrupaciones ciudadanas y que aspiran a trascender las fronteras de lo local; en otros, de la orfandad ideológica o partidista y la necesidad de reposicionarse en el escenario político nacional en un momento crítico de recomposición de fuerzas. De cualquier manera, es demasiado importante en esta coyuntura, no perder la perspectiva.
*María Teresa Zegada es socióloga.
La doble vuelta es imperativa
La doble vuelta en las próximas elecciones generales es imperativa, porque ésta es la única forma de asegurar la gobernabilidad.
¡Buenas noticias!
Contrariamente a los sinsabores y a las malas noticias del pasado reciente, hoy podemos comentar sobre una buena —pero poco difundida— noticia para Bolivia. En mi anterior columna del 7 de este mes
Federalización
Demos a los bolivianos gobiernos departamentales sólidos, que tengan la potestad de decidir cómo aprovechar mejor sus riquezas.
Empleo: que los candidatos hablen claro
Fue triste la noticia publicada hace unos días, dando cuenta de que más de 17.000 jóvenes estaban pugnando por sólo 500 plazas para estudiar en “la Normal”, para luego asegurarse un ítem en el magisterio.