La doble vuelta en las próximas elecciones generales es imperativa, porque ésta es la única forma de asegurar la gobernabilidad. De lo contrario, se corre el riesgo de que el país siga debatiéndose en la inestabilidad, por la falta de un poder democrático fuerte, cualquiera sea su inspiración ideológica.
Es inaceptable que de las elecciones sigan emergiendo gobiernos con el apoyo del 20 ó 25% de los votos, pues su debilidad es manifiesta. El peligro de que ello se repita en las próximas elecciones está a la vista. En las encuestas últimas ninguno de los candidatos tiene más del 20% de aceptación. En tales circunstancias, es inevitable que tenga que recurrirse a la formación de coaliciones partidarias, cuya degradación llegó a lo intolerable —cuoteo del poder— en el gobierno de Sánchez de Lozada.
Bolivia necesita urgentemente contar con gobiernos sólidos y estables que le confieran a la sociedad un alto grado de certeza y previsibilidad. Ésta será la garantía de que el orden establecido o por establecerse dure todo un período constitucional. Sólo así puede haber continuidad en la obra administrativa, lo que es esencial para acelerar el desarrollo económico y social y, esencialmente, combatir la pobreza, que es la prioridad nacional.
La doble vuelta electoral la vengo planteando desde 1980, cuando el 10 de mayo de ese año asumí la presidencia de la Asociación de Periodistas de La Paz. Si en ese entonces se hubiera acogida la iniciativa, probablemente no se habría tenido la trágica dictadura de García Mesa. Pero, además, se hubiese evitado al país posteriores penurias y fracasos.
Con la misma convicción de entonces, pero, además, fuertemente respaldado por la crisis de gobernabilidad en que ha caído el país, insisto ahora en la necesidad de ir a la doble vuelta, en caso de que en las elecciones de diciembre próximo ningún candidato obtenga la mayoría absoluta, o sea el 50% más uno de votos emitidos. La doble vuelta tendría que alcanzar también a senadores y diputados plurinominales. Aquello de que la doble vuelta pueda producir “fatiga electoral” es irrisorio, cuando de lo que se trata es de dotar de legitimidad a los gobiernos.
La medida puede adoptarse sobre la base de un acuerdo político de extrema necesidad nacional, al margen de cualquier conveniencia o cálculo político. Así como se extendió la elección próxima a senadores y diputados, sin que haya mucho asidero constitucional, de igual forma podría actuarse con la implantación de la doble vuelta.
Lo primordial es precautelar la futura estabilidad de la Nación y crear las condiciones para que Bolivia tenga gobiernos con fuerte respaldo ciudadano.
*Alberto Zuazo Nathes es periodista.
Del liderazgo local al espacio nacional
En medio de la profunda crisis, los espacios locales gozan de la remozada legitimidad que les otorgó el voto ciudadano en las elecciones del 2004.
¡Buenas noticias!
Contrariamente a los sinsabores y a las malas noticias del pasado reciente, hoy podemos comentar sobre una buena —pero poco difundida— noticia para Bolivia. En mi anterior columna del 7 de este mes
Federalización
Demos a los bolivianos gobiernos departamentales sólidos, que tengan la potestad de decidir cómo aprovechar mejor sus riquezas.
Empleo: que los candidatos hablen claro
Fue triste la noticia publicada hace unos días, dando cuenta de que más de 17.000 jóvenes estaban pugnando por sólo 500 plazas para estudiar en “la Normal”, para luego asegurarse un ítem en el magisterio.