Retomando el diálogo con Chile Lo que se debe destacar —y ahí está el giro positivo con Chile— es que los cancilleres Loaiza y Walker, al parecer, han tenido contactos positivos en sus primeros encuentros; tratos preliminares pero reales.
Después del choque presidencial en Monterrey, México, cuando los mandatarios de Bolivia y Chile, Carlos Mesa y Ricardo Lagos, levantaron con sus diferencias una barrera casi infranqueable entre las dos naciones, que duró toda la administración Mesa, hoy se vislumbra un giro positivo con Chile, que no debe llevar al optimismo excesivo —como sucede frecuentemente— pero que puede servir, sin duda, para “ablandar” el terreno diplomático, para que, a partir del año 2006, cuando ambas naciones posesionen a sus nuevos gobiernos, el camino tenga menos escollos.
No se trata, por cierto —como lo ha afirmado La Razón en repetidas oportunidades— de la destrucción de las minas antipersonales que Chile sembró en la frontera común, allá a fines de los años 70. Eso del desminado no es una graciosa concesión chilena —aunque demuestre buena voluntad—, sino el resultado de la Convención de Ottawa, de 1997, donde Chile fue signatario. Así que ese es un tema alentador, pero que no tiene que provocar júbilo entre los bolivianos porque deriva de una acción hostil de nuestro vecino que ahora se enmienda.
Lo que se debe destacar —y ahí está el giro positivo con Chile— es que los cancilleres Loaiza y Walker, al parecer, han tenido contactos positivos en sus primeros encuentros; tratos preliminares pero reales. Los ministros han acordado avanzar en un diálogo con una agenda abierta donde se consideren todos los temas. Sin duda, la demanda marítima boliviana sigue siendo el escollo entre ambos países. Las autoridades bolivianas habían informado que Chile aceptó hablar de ese tema en una reunión bilateral prevista para agosto, sin embargo, Santiago desmintió la información. Y aún no queda claro si más adelante el tema será abordado.
Sea como fuere, ahora las señales parecen mejorar, empezando por las consideradas declaraciones del presidente Ricardo Lagos respecto a la organización de los Juegos Odesur, que la organización deportiva sudamericana le retiró a Bolivia debido a la crisis política y social que se prolongó en nuestro país durante casi un mes y se la ofreció a Chile. El presidente Lagos ha afirmado a la prensa de que no quiere un “conflicto adicional” con los bolivianos, agregando que los juegos son para unir, no para dividir. El gesto se ha recibido muy bien en Bolivia.
Pero, además, se han retomado los contactos comerciales con Chile y se ha hablado de que podría existir un “salto sustantivo” en esas relaciones, donde la balanza comercial bilateral es uno de los temas que preocupan a Bolivia. Las cifras aproximadas indican, por ejemplo, que Bolivia exporta a Chile por valor de 50 millones de dólares, mientras que Chile vende a Bolivia aproximadamente 150 millones de dólares, fuera del contrabando de productos chilenos que es incalculable.
En agosto próximo se dará un nuevo impulso al Acuerdo de Complementación Económica (ACE 22), que excluirán temas energéticos e hídricos que están en otro ámbito de acción, pero se tomarán en cuenta los asuntos sanitarios para que Bolivia llegue al mercado chileno, materias de aduana, contrabando, promoción de inversiones y alianzas empresariales. Éste y otros temas habían sido congelados en la anterior administración. Habrá que avanzar poco a poco, para tratar de que ambas naciones se aproximen a una normalización en sus relaciones.