Los plazos se acortan. Cada día están más cerca las elecciones generales y la Corte Nacional Electoral ha anunciado que los candidatos a Presidente, Vicepresidente, senadores y diputados deberán inscribirse hasta dentro de un mes.
Esto ha provocado una estampida de postulantes que se mueven de una región a otra para estructurar sus cuadros electorales definitivos.
Lo de buscar candidatos al Parlamento —uninominales y plurinominales— ya es un afán sin duda, pero encontrar, acertadamente, un acompañante a la Vicepresidencia no es poca cosa ni sencillo de resolver.
Y es un problema para los aspirantes a la Presidencia de la República, porque, generalmente, con muy pocas excepciones, las relaciones entre el Primer Mandatario y el Vicepresidente han sido tensas, cuando no hostiles. Entonces, el candidato a la Primera Magistratura tiene, en primer lugar, que encontrar un acompañante de fórmula con el que tenga una relación personal fluida, y si fuera posible estrecha.
Pero el inconveniente en estos casos es que el candidato presidencial no puede escoger para ese alto cargo a quien quiera. No puede elegir a un amigo afín políticamente y ni siquiera a un correligionario.
En estos tiempos de “democracia pactada” —volverán seguramente los pactos—, el candidato tiene que observar el equilibrio regional entre occidente y oriente, necesariamente.
Tal vez no debería ser una condición esencial este equilibrio colla-camba, pero está visto que se lo ve mejor así. Y se debe observar, también, que la imagen de los postulantes a los dos cargos más importantes no respondan a una misma tendencia, sino que abarquen, en lo posible, a la más amplia gama de ideologías que se presentan en el país.
Esto resulta abrumador porque las posiciones en Bolivia son infinitas, pero, cuando menos, se tiene que pactar realizando mutuas concesiones. Sin esto, la dispersión del voto haría inviable toda posibilidad de que un candidato, hoy, pueda superar el 20 ó 25 por ciento de los sufragios en el territorio.
Ante ese panorama, pareciera aconsejable buscar equilibrios aunque éstos no son absolutamente indispensables ni obligatorios en tiempos electorales.