Amorín y Loaiza aseguraron que el tema de la “migración” de contratos no fue tocado, sino que pasaron una revisión al conjunto de las relaciones, lo que resulta algo muy difícil de creer. No cabe duda que el tema ha tenido que ser tratado por los ministros.
El acuerdo migratorio con Brasil, que firmaron los cancilleres Loaiza y Amorín, tiene una gran importancia debido a que legaliza la permanencia en el país vecino de alrededor de cien mil ciudadanos bolivianos y sus familias. Ante la falta de empleo en Bolivia, han sido muchos los nacionales que dejaron el país para probar suerte en otras latitudes como Argentina y España, por citar las naciones donde más bolivianos arribaron.
En todas partes el problema de los inmigrantes bolivianos, en su mayoría, está vinculado a estadías ilegales, es decir, sin contratos de trabajo y, a veces, hasta sin documentación. Por lo tanto, la labor de la Cancillería ha sido importante para propiciar la legalización de compatriotas en Brasil mediante acuerdos migratorios que no siempre son fáciles, y, peor aún, suelen ser morosos.
Sin restar importancia en modo alguno al convenio migratorio firmado entre Bolivia y Brasil, fue extremadamente relevante que los cancilleres de ambos países se reunieran en La Paz, debido a que las relaciones entre ambas naciones, al margen de ser de trascendencia en la región, había dejado algunos cabos sueltos en la relación bilateral y que, ahora se conoce, fueron tratados. Uno de los temas de mayor trascendencia es, sin duda, el de la venta de hidrocarburos a Brasil y las nuevas circunstancias que se plantean a raíz de la nueva Ley de Hidrocarburos, que afecta, de manera directa, a la relación de Bolivia con Petrobras, la empresa energética brasileña más grande del vecino país, compuesta por capitales privados y estatales casi en una misma proporción.
Mientras algunas compañías petroleras extranjeras se preparan para llevar a Bolivia ante tribunales internacionales de comercio o esperan con justificado mal tono lo que serán las “migraciones” de los contratos, que estaban suscritos desde hace siete u ocho años, el canciller brasileño Celso Amorín expresó que su Gobierno es respetuoso de las decisiones que adopte Bolivia para manejar sus recursos naturales, que el intercambio entre las dos naciones va más allá del gas y que Brasil espera la negociación entre YPFB y Petrobras con la confianza de que se llegará a un acuerdo que traerá beneficios a las dos partes.
Amorín también dijo que las exportaciones bolivianas a Brasil tienen un superávit de aproximadamente 200 millones de dólares, lo que es realmente enorme para la economía boliviana. Junto al canciller Loaiza manifestaron que el tema de la “migración” de contratos no fue tocado y, por el contrario, aseguraron que pasaron una revisión al conjunto de las relaciones, lo que resulta algo difícil de creer. No cabe duda que el asunto de la modificación de los contratos sobre el gas ha tenido que ser tratado por los ministros de Relaciones Exteriores, porque el canciller Amorín, sutilmente, se refirió a las inversiones de Petrobras en Bolivia, manifestando que todo dependerá de los “cálculos económicos” que haga la empresa. Eso, por cierto, está íntimamente ligado a las “migraciones” de los contratos, que, en el fondo, será la piedra en el zapato en las negociaciones del gas nacional.
Celso Amorín se entrevistó con el Presidente de la República para expresarle el respaldo de su país a la transición democrática y luego recibió al candidato del MAS, Evo Morales, y al de Siglo XXI, Jorge Quiroga; ambos aspirantes a ocupar la Presidencia en las elecciones de diciembre próximo.