Columnista de La Razón desde hace más de una década, el periodista colombiano saca siempre a relucir todo su ingenio en libros y columnas.
Álex Ayala Fotos: David Busto
Cuando conocí al periodista Daniel Samper Pizano en Cartagena de Indias, contrató a un grupo de vallenato para deleitar a los visitantes con una de las mejores representaciones artísticas que tiene Colombia. En esos momentos, él estaba allí de vacaciones, pues, amenazado de muerte tuvo que exiliarse a España hace varios años.
Hoy, desde su refugio de Madrid, Samper sigue vinculado a la música y a la tragedia de su país, pero al mismo tiempo tiene sangre fría para dar una mirada regada de humor al mundo, como suele hacerlo en su columna de La Razón desde hace más de una década. No por nada, es el biógrafo oficial del grupo musical argentino Les Luthiers, conocido por composiciones llenas de dobles sentidos. Escape habló con el periodista de éstos y otros temas.
Colombia es una nación exportadora de talento, que cuenta con gigantes de la pluma en todo sentido —escritores, periodistas...—, ¿usted piensa que es un país que anda una zancada al respecto por delante del resto? ¿Quizá las situaciones límite hacen que la creatividad esté más a flor de piel? Colombia ha conocido en los últimos decenios algunos escritores geniales como García Márquez y Álvaro Mutis; algunos pintores extraordinarios, como Fernando Botero; algunos toreros que han hecho historia, como César Rincón; algunos músicos singulares, como Shakira, Carlos Vives y Juanes. Pero en otros campos —la ciencia, la tecnología, el liderazgo político, los movimientos humanistas, la empresa— exhibimos aún una penosa pobreza de la que nos consuelan aisladas figuras. Es un poco lo que pasa con toda América Latina. Por lo demás, la historia demuestra que la inspiración artística acostumbra a florecer, tanto en los momentos dorados de una sociedad como en los de conflicto o decadencia. Me parece que el ser humano tiende a proyectarse, tanto en la literatura como en las artes en cualquier circunstancia.
Siguiendo con su país, Colombia vive en permanente conflicto, ¿piensa que la posición más saludable es tomarse las cosas con ironía y humor negro, como usted muchas veces lo hace? ¿Opina que también hay momentos en que no vale otra que ser serios? Los problemas de Colombia son muy serios. Pero yo creo que el humor no es lo contrario de la seriedad, sino de la solemnidad. A menudo es posible realizar análisis más penetrantes sobre el ser humano y su entorno utilizando la herramienta del humor, como lo demostró Cervantes y como lo han probado, respecto a la situación colombiana, el escritor García Márquez y el director de cine Sergio Cabrera, para no citar sino a dos. Mi experiencia personal se la explico en unas pocas palabras: yo sin humor no podría vivir. Punto.
Experto como es del humor y del idioma castellano, ¿nos podría decir con qué situaciones graciosas se ha encontrado debido a los giros lingüísticos diferentes que existen en uno y otros países? Me referiré sólo a un caso que ilustra la diferencia entre el español peninsular y el americano. Uno de los ejemplos más insólito que he topado es el de la novela “Los reyes del mambo cantan canciones de amor”, escrita en inglés por el latino Óscar Hijuelos, que trata sobre una familia cubana en Nueva York en los años cincuenta. La editorial española que la tradujo al castellano encargó el trabajo a un español, con lo cual los personajes cubanos hablaban como madrileños, con el “vosotros” y el “oye, guapa”. Pero lo peor fue cuando apareció en la novela la palabra “polla”, que en el Caribe se emplea para designar a una muchacha joven, y que en el contexto español tiene un sentido distinto. No voy a explicarlo aquí, pero comento que los colombianos y venezolanos nos abstenemos de cantar en España la canción que dice: “Se llevó mi polla el gavilán pollero, la pollita que más quiero…”.
¿Usted es de los que opinan que el castellano se está devaluando y que cada vez está peor usado? Sí. Creo que los medios de comunicación cada vez profesan menos cariño por esta lengua que nos da de comer, y que los publicistas y hombres de negocios se avergüenzan del castellano, porque el inglés les parece más lucrativo y más elegante, más “in”, como ellos mismos expresarían.
Además de ser un asiduo al humor, es usted un enamorado del vallenato. ¿La música es su otra forma de entender la vida? ¿Por qué su preferencia es el vallenato? Es una música mestiza que reúne elementos de las tres razas que confluyeron en Colombia: la nativa, la blanca y la negra. Surge con trovadores populares y relata con viveza, gracia y belleza la crónica de los pequeños pueblos de la costa caribe y los sentimientos de su gente.
Siguiendo con los vínculos musicales, usted es el biógrafo oficial de Les Luthiers y tengo entendido que en alguna ocasión ha actuado con ellos. ¿Qué anécdotas tiene sobre su vinculación con el famoso grupo argentino? ¿Cómo así actuó, además, con ellos? Soy, en efecto, el biógrafo oficial de Les Luthiers. Escribí hace quince años la historia del grupo en “Les Luthiers de la L a la S”, libro que estamos revisando para una nueva edición. Alguna vez, como broma de cierre de temporada en Bogotá, salí en una breve escena ataviado con esmoquin, como una especie de extra de Marcos Mundstock, con quien compartimos el mismo tipo enloquecedor de belleza. Al final salimos los dos a saludar con el resto del grupo y algunos pensaban que había llegado Mundstock con su gemelo.
Y aprovechando precisamente esa condición de biógrafo oficial de Les Luthiers, surge una obligada pregunta: ¿Sabe por qué nunca han llegado a actuar en Bolivia? Porque hace muchos años compraron ingenuamente unos tiquetes para llegar hasta La Paz a bordo de un transatlántico, y no han logrado todavía que se los reembolsen.
Usted se gana la vida escribiendo, casi parece que no podría hacer otra cosa. Pero de haber sido manco, ¿qué es lo que le hubiera gustado ser o hacer en la vida? Futbolista, por supuesto. Realmente, escribo porque nunca pude ser un futbolista profesional.
En su vida también ha habido momentos amargos, como el exilio. ¿Por qué tuvo que exiliarse? ¿Y qué aprendizaje ha extraído gracias a vivir en otros lugares? Me exilié tras unas amenazas bastante feas en 1987, cuando fueron asesinados varios periodistas colombianos que estaban señalados en listas elaboradas por la mafia del narcotráfico. Fue muy duro en el principio, pero con el paso de los años uno vuelve a hacer su vida. Las cosas mejoraron desde hace un tiempo, cuando, muertos ya o encarcelados los narcos que me habían amenazado, he podido finalmente regresar a pasar algunas breves temporadas a Colombia.
Durante una parte de ese exilio usted ha vivido en Europa, particularmente en España, ¿dónde cree que se hace mejor periodismo: en Latinoamérica o Europa? Sigo viviendo en España. Entre el periodismo europeo y el latinoamericano, prefiero el de Estados Unidos. En realidad, mi formación profesional y mi escuela de trabajo son las del periodismo norteamericano. Es el que más me gusta y en el que más cómodo me siento.
Y siguiendo con el tema del exilio, ¿ser el hermano de un político le ha llegado a marcar de alguna manera? ¿En qué sentido? Me ha marcado en muchos terrenos, sobre todo profesionalmente. Creo que cuando Dios quiere jugarle una broma sucia a un periodista, hace político a su hermano.
Finalmente, abusando de su saludable sentido del humor, ¿Podría decirnos cómo lo aplicaría a la hora de escribir, por ejemplo, el decálogo del buen periodista? Lamento mucho (no poder ayudarle en eso), pero mi agente literaria no me permite ofrecer ideas tan valiosas sin cobrar honorarios.
El Perfil
Daniel Samper Pizano, nacido en 1945 en Bogotá, Colombia, abogado y periodista graduado en la Universidad de Kansas, Estados Unidos, es uno de los jóvenes maestros del periodismo latinoamericano. Entre otros, ha recibido el premio "Rey de España", que obtuvo gracias a toda una serie de notas sobre el idioma castellano publicadas en una revista. Tras haber tenido que salir de Colombia en 1987 por amenazas contra su vida, se vinculó a "Cambio 16", donde ha sido redactor, columnista y jefe de área. Desde España, además, envía a Colombia los guiones de la comedia semanal de televisión de mayor sintonía en los últimos siete años. Da clases en varias universidades de América Latina, ha publicado muchos libros y sus escritos están siempre repletos de fino humor e ironía.
El lamento " Cuando Dios quiere jugar una broma a un periodista, hace político a su hermano "