Pérdidas que conmueven El mal clima es un factor de alto riesgo para aeronaves de las características de los taxis aéreos. En esas circunstancias, la aeronavegación civil debe hacer prevalecer y preservar, por sobre cualquier argumento, la seguridad de los pasajeros.
El accidente aéreo de la avioneta con matrícula CP – 1429, que cubría la ruta Santa Cruz – Tarija, donde perdieron la vida dos ejecutivos de la compañía telefónica cruceña Cotas, un ex ministro y el piloto al mando ha conmovido al país. Hasta el momento, se presume que el mal estado del clima reinante en la ruta pudo ser la causa que provocó que la aeronave se estrelle frontalmente contra el cerro Loma Larga, distante a pocos kilómetros del destino final de la aeronave.
Este hecho que enluta a varias familias bolivianas y sobrecogió a la población, debe acercarnos a la reflexión sobre el control, la vigencia y la seguridad de este tipo de transportes, frecuentemente utilizados en todo el país, pero en especial en la región oriental. Su uso está vinculado a viajes de carácter emergente o urgente y es utilizado habitual y diariamente por empresas privadas, hombres de negocios, políticos, turistas extranjeros, familias con alguna emergencia médica o por ciudadanos con premura de acortar distancias y tiempo.
Las estadísticas reportadas por la Dirección de Aeronáutica Civil establecen que en los últimos años se han dado, entre accidentes e incidentes, alrededor de 95 hechos, algunos con saldos fatales donde se tuvo que lamentar la pérdida de vidas humanas o heridos de gravedad. Las investigaciones sobre los sucesos o percances que sufren este tipo de avionetas señalan que la mayoría están relacionados a fallas humanas, más que mecánicas o por influencia de un mal temporal, según la propia Dirección de Aeronáutica Civil. Este dato revela algo sorprendente y se quiere suponer que cuando se llega a una conclusión de ese tipo, la autoridad competente sanciona de algún modo a la compañía de taxis aéreos y mínimamente suspende la licencia de los pilotos. Se desea creer que así sucede, porque de lo contrario se estaría dejando pasar fallas humanas o técnicas tremendas que ponen, en el momento menos esperado, en gravísimo riesgo la vida de pasajeros y tripulantes. Y aquello sería simplemente imperdonable.
Al momento se tiene el registro de más de una decena de empresas de taxi aéreo que hacen el servicio en diferentes rutas departamentales e interprovinciales. La mayoría tiene su sede de operaciones en la ciudad de Santa Cruz, otro tanto en Cochabamba y La Paz. Los controles técnicos de rigor, las inspecciones, la vigencia de licencias y demás requisitos están a cargo de la Dirección del área, responsable de velar por el cumplimiento de las normas de aeronavegación civil.
El mal clima, no cabe la menor duda, es un factor de alto riesgo para aeronaves de las características de los taxis aéreos (bimotores, a turbina, etc.). En esas circunstancias, las normas de aeronavegación civil cuentan con los mecanismos para hacer prevalecer, por sobre cualquier argumentación, la prevención y la preservación de la seguridad de los pasajeros. Y más allá de todas las connotaciones descritas, está la desgracia imprevista o el azar. Contra ello, poco puede hacer el ser humano.
Sea cual fuera la causa, las pérdidas o los sobrevivientes, un accidente aéreo deja el recuerdo ingrato de la tragedia que carga consigo amargura, dolor y muerte, como en el último accidente. Solidaridad con las familias dolientes y esperar que las investigaciones sean prontas, esclarecedoras y a la luz de la opinión pública.