La ribera de los ingenios, una obra por rehabilitar La recuperación de los monumentos históricos de Potosí incluye también a estas estructuras de los siglos XVI y XVII.
La ribera de los ingenios, una obra por rehabilitar
La creatividad innata de orfebre y el conocimiento heredado de una cultura experta en el manejo del agua que poseían los indígenas contribuyeron, sin duda alguna, al levantamiento en Bolivia de uno de los mayores complejos industriales mineros que hubo en el mundo en los siglos XVI y XVII.
Fue también fundamental la visión del virrey Francisco de Toledo, Conde de Oropeza, que no solamente impulsó el trazo urbano de la ciudad, sino que mejoró las técnicas de beneficiado del mineral con la ribera de los ingenios, una corriente de agua de unos 15 kilómetros que atraviesa la ciudad de Potosí, y que se constituyó en una de las mayores obras hidráulicas de ese tiempo en el continente.
Con el tiempo, tras la declinación de la plata, llegó el auge del estaño y también la caída de sus precios. A partir del último cuarto del siglo XX comenzó la lenta agonía de Potosí: cada vez más pobre, cada vez más expulsora de su gente, cansada de arañar vanamente la tierra en busca de mineral, pero resistiéndose a morir o a permanecer como un pueblo fantasma.
En esa agonía, llegó la declaración de Potosí como Patrimonio de la Humanidad, hecha por la UNESCO en 1987, y una década después, desde 1998, comenzó la obra de recuperar la historia y los monumentos que hablan de un pasado común de Bolivia y España, tarea que está en un punto culminante, como así lo testimonia la entrega oficial de la "Guía de Arquitectura de Potosí". La obra editorial, que sugiere nueve circuitos turísticos, fue publicada en el marco del acuerdo de cooperación suscrito entre la Junta de Andalucía y la Alcaldía de Potosí, y representa la gran proyección que en el plano turístico tiene la Villa Imperial.
Remozando el pasado Potosí fue una de las ciudades más pobladas del mundo en la primera mitad del siglo XVII y se caracterizó por una arquitectura que ahora recupera su gran valor. Se ha logrado ya la rehabilitación de obras religiosas, administrativas y civiles y se está trabajando en la reconstitución de la mayor obra de ingeniería hidráulica: la ribera de los ingenios, que convirtió a Potosí en un gran complejo industrial del mundo durante los siglos XVI y XVII, afirma el arquitecto Luis Prado, responsable del Plan de Rehabilitación de Áreas Históricas de Potosí, con apoyo español.
Además de estas obras y el embellecimiento de las principales calles de la Villa, otro objetivo es el de recuperar los espacios destinados a la vivienda. El centro histórico está conformado por casonas que no tienen condiciones de habitabilidad, por lo que la Junta de Andalucía y la Alcaldía de Potosí han programado obras de reacondicionamiento en el marco de convenios con los propietarios de, al menos, unas 100 viviendas.
A la renovación de la conexión de servicios básicos de infraestructura (alcantarillado, agua potable y energía eléctrica), se sumará una mayor comodidad dentro de las estructuras arquitectónicas de la época. Sin embargo, el plan de rehabilitación de Potosí —que España lleva apoyando 14 años— va más allá de la restauración y conservación de monumentos, pues incluye programas de formación de jóvenes profesionales en el mantenimiento de las áreas históricas y en la promoción de otras actividades como el turismo y la artesanía a fin de mejorar el comportamiento económico que actualmente tiene el departamento.
La ribera de los ingenios Este sector se constituye en una de las obras monumentales de Potosí, pues a lo largo de 15 kilómetros de una corriente de agua se instalaron de 70 a 80 ingenios que enriquecieron la ley del mineral de plata mediante el empleo de la fuerza hidráulica y el azogue o mercurio, cuya alta toxicidad no se conocía, pero explica la razón de las altas tasas de mortalidad.
La técnica entusiasmó tanto al virrey Toledo y a los mineros de Potosí que convencieron a la Corona para construir 24 lagunas artificiales interconectadas en una cuenca de agua, vital para los trabajos de los ingenios. "La zanja de diez varas de ancho de piedra y cal" que Toledo mandó a construir tenía al menos unos 22 puentes que vinculaban a las poblaciones de las dos partes en que el cauce había dividido la Villa Imperial: la de los españoles y la de los indígenas.
Esta corriente de agua "se desviaba por acueductos hasta llegar al cárcamo, es decir, dos muros paralelos hechos de cal y canto, en medio de los cuales se colocaba una inmensa rueda de madera —de 5 a 6 metros de diámetro— como una noria movida por la fuerza del agua". La rueda tenía un eje transversal del que pendían varias almadanetas, levas o mazos de madera que, en el constante subir y bajar por el impulso del agua, golpeaban la carga hasta pulverizarla. Así, en los 80 ingenios. Luego se beneficiaba con el mercurio.
La ribera de los ingenios del Señor de la Vera Cruz, nombre que se le dio en 1626, fue la mayor cadena de producción minera. Hoy, excepto el ingenio de San Marco, convertido en centro social, los demás siguen trabajando en la recuperación del estaño humildemente, sin percatarse de la grandeza de su pasado.
La ribera de los ingenios fue en su momento un gran complejo industrial que impresionó al mundo entero.