Más feminidad con un toque de rosado Ana Isabel Parra hace su sugerencia para este 2005. Su colección combina géneros y mantiene la monocromía del negro y los grises, pero da un toque romántico gracias a las gamas de rosa.
Tacones altos, cintas brillosas, delicadas moñas, bolsos bordados, collares de pedrería, flores estampadas, rubor y labial. ¿Cómo estos accesorios podrían verse más femeninos? Pareciera imposible, pero todavía pueden lucir mucho más coquetos si van en color rosado.
El rosado, denominado el color del amor, se identifica también con la inocencia y dulzura. Por eso, las mujeres que aún mantienen rasgos de la niña que fueron, en la madurez de sus formas gustan de este tono para lucirlo en las prendas o accesorios. Además, esta temporada el rosa está en auge, resultando uno de los colores más buscados.
Seducida, precisamente, por esas gamas, que van desde el rosado pastel hasta el palo de rosa, una mujer dedicada al diseño ha dejado que ese color se adueñe de los detalles, que dan un aire muy romántico a su nueva colección, creada para el otoño y el invierno.
Ella es Ana Isabel Parra, quien ha escogido personalmente los géneros que rigen todos sus modelos. Así, tweed de seda, telas de lana con algodón, shantú de seda y encajes en grises y negro mandan.
Y es que las texturas estampadas y otras lisas se han rendido bajo la tijera de Parra, quien con cortes limpios da forma a pantalones, faldas y vestidos vaporosos que se mecen a ritmo del andar. También ha confeccionado chaquetas y blusas, dotadas por igual de presencia y sensualidad, que se ajustan a la silueta de la persona.
“En esta colección he mezclado telas en una misma muda a fin de lograr prendas más románticas, con mucho movimiento. Es ropa para una época en que la mujer quiere sentirse abrigada, pero elegante al mismo tiempo”, comenta la protagonista de la colección.
Con ese afán, cálidas pieles se posan en los cuellos mientras los chales regalan confort al tiempo que, con un ruedo de flecos, parecen querer hipnotizar irremediablemente a los que los contemplan.
Asimismo, las cintas, ajustadas a la cintura o atadas delicadamente al cuello, caen en dos lazos o se convierten en moña, de acuerdo al toque que la diseñadora ha escogido para cada una de los diseños.
Finalmente, el destello de la pedrería y de los cristales rosas, blancos y verdes ornamenta las prendas formando flores y filigranas en los bordes o como saltando sin orden establecido sobre la pieza. Y el toque lo pone la bisutería dorada y plateada, con piedras rosadas que compiten en brillo y terminan, a menudo, escondiéndose tímidamente a través del escote.