En el marco de garantías que actualmente ofrece el sistema financiero, lo razonable es optar por dar preferencia al uso de la moneda nacional, para reducir y si es posible eliminar la dolarización. En tal empeño están algunos bancos y financieras.
Una vez más cabe hacer hincapié en la necesidad de que la población adquiera mayor confianza en la moneda nacional. Debe hacer conciencia de que la dolarización que prevalece en el país es una anomalía, es decir una irregularidad, una deformación del régimen monetario nacional.
La dolarización puede ser de carácter oficial y completo, como en Panamá, El Salvador y Ecuador. También existe la dolarización de facto, situación en la que circulan tanto la moneda nacional como el dólar, cumpliendo algunas o todas las funciones concernientes a una moneda. Esta es la situación de varios países latinoamericanos, entre ellos Bolivia.
De acuerdo con el Banco Central, la dolarización puede ser "real", cuando los precios de los bienes y servicios —incluyendo los salarios— se expresan en moneda extranjera, aun si eventualmente el pago se efectúa en moneda nacional; de "pagos", cuando el dólar cumple el rol de medio de cambio; y "financiera", si las operaciones del sistema financiero se realizan en moneda extranjera. En Bolivia, la dolarización real y de pagos es limitada: los precios de bienes y servicios, incluyendo los salarios de las personas, se expresan principalmente en bolivianos. La dolarización financiera, en cambio, está muy extendida. A fines del 2004, el 88 por ciento de los depósitos y el 93 por ciento de los créditos del sistema financiero eran en moneda extranjera.
La dolarización se origina en la falta de confianza del público en la moneda nacional, ocasionada por desequilibrios macroeconómicos del pasado. En Bolivia la "desdolarización" y la hiperinflación de los años ochenta tuvieron un papel central en aquella actitud del público.
Empero, la dolarización financiera plantea serios problemas. En primer lugar, la mayoría de los prestatarios del sistema financiero enfrenta un "descalce" o distorsión: tiene obligaciones en dólares y percibe ingresos en bolivianos. Crea modificaciones del tipo de cambio para mantener la competitividad de la producción nacional. Y, fundamentalmente, tiene que ver con el papel de prestamista de última instancia del Banco Central.
Hasta ahora, el BCB ha cumplido cabalmente con este papel. El sistema bancario resistió muy bien los retiros intempestivos de depósitos en las crisis de julio del 2002 y febrero y octubre del 2003, merced a que el BCB tenía las reservas necesarias para respaldar a los bancos. En la actualidad, esta situación está más fortalecida aún. Se dispone de reservas superiores a los 2.000 millones de dólares, de los cuales 1.338 corresponden a reservas del BCB y 673,5 millones a la disponibilidad del sistema bancario. En este marco de garantías, lo razonable, entonces, es optar por dar preferencia al uso de la moneda nacional, para reducir y si es posible eliminar la dolarización.
En tal empeño se destacan el Banco Santa Cruz y el Mercantil. Ambos están incentivando los depósitos en bolivianos y concediendo créditos incluso a largo plazo. Según un estudio del semanario Nueva Economía, la dolarización en el Banco Santa Cruz es de sólo 67,3 por ciento. Otros bancos que igualmente están promoviendo el uso de la moneda nacional son el Banco Los Andes, de Crédito y el BancoSol. El resto de la banca tendría que secundar este esfuerzo, con el ánimo de coadyuvar a la desdolarización del sistema monetario del país.