Se multiplican los delitos de "cuello blanco" La Policía atiende al menos 15 casos diarios y unos 1.470 al año. Son minuciosos y bien vestidos falsificadores. Sus víctimas son personas, y entidades financieras y públicas.
Cada día en La Paz, la División de Delitos Económicos y Financieros de la Policía Técnica Judicial (PTJ) atiende al menos 15 casos protagonizados por meticulosos delincuentes que, a través de la falsificación de unos 10 tipos de documentos, estafan y roban a personas e instituciones sin necesidad de utilizar la violencia.
Así lo confirmó a La Razón el jefe de esa división, el mayor Octavio Gutiérrez. Cada uno de los 21 efectivos que tiene a su cargo debe atender al menos 20 denuncias cada dos meses. Eso hace un promedio de 70 a 80 casos por año. Hay mucho trabajo.
“Unas personas consiguieron un crédito mancomunado. Fueron a un banco y se garantizaron entre sí, luego nadie pagó. Cuando el banco recurrió a los documentos, comprobó que todos eran falsos”, menciona Gutiérrez, como un ejemplo de los casos.
El jefe policial reconoce que en estos casos se enfrenta a delincuentes “no tradicionales. Son de cuello blanco, se han especializado en la falsificación de todo tipo de documentos, desde certificados de nacimiento, cédulas de identidad hasta títulos de propiedad de casas y vehículos; pasando por sellos, timbres, certificaciones de pago de impuestos, catastro, poderes, dinero y otros”, manifiesta.
Con estos documentos, luego se apropian de sumas de dinero que van desde mil hasta cientos de miles de dólares, y afectan a personas, entidades financieras y públicas; a la propiedad de casas, vehículos e incluso bene- ficios sociales que brinda el Estado.
Todo esto, sin necesidad de utilizar la violencia, “sin disparar un solo tiro, sin maltratar a nadie. Simplemente, engañan con palabras y documentos”, explica.
La mencionada división policial ha llegado a atender un promedio de 1.470 casos al año, relacionados con estafa, estelionato y uso de instrumento falsificado, delitos tipificados por ley y cometidos por delincuentes especializados, que han hecho de ellos “una forma de vida. Están al acecho, y constantemente alertas, en busca de su siguiente víctima”.
Un investigador de la división, que prefirió mantener su nombre en reserva, advirtió que estos delincuentes corren menos riesgo que quien se anima a realizar un asalto a mano armada.
Sin embargo, su actividad es cada vez más sofisticada y sus estrategias, mejor pensadas.
Se presenta ante su víctima, según otro investigador, como una persona que se viste bien, que maneja las palabras adecuadas. Oculta cualquier indicio que lo pueda delatar. Le propone, por ejemplo, una muy “interesante y rentable propuesta de negocio”. Pero al final, sólo se trata de una trampa para robarle.
Según Gutiérrez, este tipo de delitos son perpetrados por gente capacitada, que tiene estudiados todos sus movimientos, que conoce todos los procedimientos para falsificar documentos y además conforma “bandas delincuenciales inteligentes”.
Entre los datos que maneja la PTJ de La Paz, no sólo personas han sido estafadas por estos especialistas, sino también instituciones financieras a las que han timado, con una serie de documentos falsos, que principalmente han sido preparados, por ejemplo, para obtener créditos.
Las entidades públicas no están libres de esta forma de delinquir. El Estado tuvo que recurrir a la Policía para denunciar casos de estafa, por el cobro de beneficios sociales de forma ilegal, como por ejemplo el Bono Solidario (Bonosol) que se da a personas mayores de 65 años.
“Han hecho de esta forma de operar su forma de vida, están alertas buscando a su próxima víctima”, dijo el mayor Octavio Gutiérrez.
Así son los timadores de cuello blanco
En la Policía Técnica Judicial (PTJ) se elaboró un perfil general de los estafadores y falsificadores, más conocidos como delincuentes de cuello blanco.
El mayor Octavio Gutiérrez explicó que estos antisociales se presentan aparentando ser personas decentes, bien vestidas y con facilidad de palabra. “La mayoría suelen tener pinta de intelectuales, de gente profesional con estudios. Jamás demuestran desesperación por hacer un negocio y están listos para presentar cualquier papel. Saben lo que hacen”.
Explicó también que tienen tiempo para urdir su plan, piensan con calma cómo lograr sus objetivos, “no recurren a la violencia. Todo el tiempo buscan nuevas formas de engañar a la gente, de aprovecharse de los inocentes y se presentan con negocios rentables, y oportunidades imperdibles... de las que hay que desconfiar”.