El Festijazz reunió más de seis mil razones para continuar Durante 10 días, el festival convocó a 6.500 espectadores sólo en el Municipal. Es un récord para el evento que da frutos a nivel de nuevos músicos y proyectos de diálogo con el jazz mundial.
Son las 17.00 de un jueves lluvioso y hace frío afuera; pero dentro del Conservatorio un mago, Diego Figuereido, ha hechizado al auditorio. “¡Mortal. Qué capo! ¿Cómo hace eso?”, dice (casi grita) Jorge, estudiante de guitarra, paceño, 17 años, barba incipiente, gorro de lana. “Había visto a Figuereido en el Municipal pero así, de cerca, es increíble. Yo quiero algún día ser como él”.
Éste es uno de los descubrimientos del Festijazz 2005. Uno, porque el resto es recitales, viajes, talleres, encuentros y jazz que tiene magia, esa que crea lazos y convoca a 6.500 espectadores.
De aquellos tiempos en los que los paceños amantes del jazz apenas llenaban un pequeño boliche instalado en la calle Indaburo, poco queda. En el ocaso de los 60, La cueva del jazz —así se llamaba el refugio— se había convertido en la sede de los amantes de la música sincopada, que no abundaban pero se reproducían.
Los primeros experimentos de jazz andino corrían por cuenta del pianista Johnny Gonzales y del (entonces) vientista Guido Arze, quienes en mayo del 68 organizaron el primer Festival de Jazz de La Paz. Después hubo otros dos encuentros en los 70. Pero nada comparado con el Festijazz que comenzó hace 10 años como un evento nacional y que hace cinco adquirió ribetes internacionales.
“Para mí estar en el Festijazz es una alegría”, reconoce en portuñol Figuereido: maestro de la guitarra, paulista, cabello ensortijado y reincidente del Festijazz. “Ésta es la tercera vez que vengo al Festival de La Paz (llegó el 2000 y el 2002 con otros grupos) y creo que esta ciudad es única con sus montañas, sus ríos y su gente tan cariñosa que es el mejor público”, dice el brasileño que en Montreal fue considerado uno de los tres mejores guitarristas del mundo.
Menos romántico pero más entrador, Minino Garay también quiere volver al escenario paceño del jazz. “He visitado todos los festivales del mundo y creo que éste es especial por la calidad musical, pero sobre todo por la calidad humana”, argumenta el músico argentino, director del grupo Magic malik y uno de los pilares del jazz en París.
Y ése fue, precisamente, el propósito de los organizadores: “El Festijazz no sólo ha generado interés a nivel musical y técnico; sino que a nivel de discurso ha podido constituirse en una propuesta de interacción con el público; así el arte se ha ligado con el fenómeno social”, dice Boris Vásquez, director del Festival, músico y fanático del género.
En los últimos días, junto a un equipo comprometido, Boris ha solucionado todo tipo de problemas. Eso de liderar tamañas empresas no es fácil, ¿para qué meterse en camisa de 11 varas?
“Es una cuestión de principio la que ha unido a todos los miembros del comité organizativo del Festijazz —dice el director—. Somos artistas que no buscamos retribuciones, menos económicas, sino que trabajamos para lograr algo que debería ser de responsabilidad estatal: promover el arte, en este caso el jazz, entre la población”.
A más de conciertos de siete grupos extranjeros y 10 bolivianos, este año el Festijazz ha logrado concretar varios proyectos que empezaron a encaminarse en versiones pasadas.
Así ha nacido la Big Band Juvenil que, gracias un convenio con el grupo Los Andes Big Band de Chile, ha logrado difundir su música más allá de las fronteras. También se ha entrado en la cuarta fase del Taller de compositores que, bajo la batuta del danés Ander Andersen, graba un disco. A ello hay que añadir otros talleres como el que ahora se ha dictado, de música e imágenes a cargo de los franceses Serge Adam y Eric Vernhes. Además, el encuentro crece y el 2006 llegará a cinco ciudades: La Paz, Santa Cruz y El Alto, Valparaíso (Chile) y Arequipa (Perú).
Por otro lado, músicos bolivianos —como Danilo Rojas, Carlos Ponce, Víctor Hugo Mercado o el dúo Navía-Arias, entre otros— tuvieron la oportunidad de medir su arte con los invitados internacionales, saliendo victoriosos en las lides. “El nivel de los músicos bolivianos es muy bueno y sorprende su propuesta”, opina el pianista Alexandre Martins.
Si una de las medidas del éxito de un festival es la cantidad de público que convoca, el Festijazz fue un éxito: 6.500 espectadores durante 10 días de conciertos sólo en el Municipal han roto un récord que no considera al público que asistió a boliches y recitales callejeros que se prolongarán hasta el 25 de septiembre para luego viajar a Coroico y, en noviembre, a Santa Cruz con programa renovado.
Pero aún hay retos. Uno de ellos lo perfila Ander Andersen: ampliar el número de músicos de jazz para que haya mayor competencia y se explote los sabores de la música boliviana “porque para mí esto es el jazz, una mezcla de estilos, la integración de ideas y sabores distintos”, afirma el músico danés.
Otro reto es lograr que el Festijazz tenga el apoyo del Estado y —al igual que los festivales internacionales de la cultura de Sucre y Potosí, el de teatro en Cochabamba o los de cine, música barroca y teatro en Santa Cruz— reciba reembolsos del Tesoro General de la Nación.
Con tantas razones, el jazz se deja entender aún en la mente menos dispuesta a acercarse a este género. 6.500 personas, muchas jóvenes y seducidas por la música, así lo demuestran.
Punto de vista
Día a día a todo jazz Juan Carlos Gutiérrez, músico.
Serge Adam y Eric Vernhes, trompetista uno y videasta el otro, fueron los encargados de abrir el Festijazz, el martes 5 de septiembre. Llevaron a cruzar fronteras entre géneros musicales y visuales a través de una impecable presentación en la que músicos e instrumentos —algunos nativos— interactuaron en tiempo real con la música e imagen de estos dos artistas franceses.
Una de las presentaciones más gustadas fue la del segundo día, en el que Minino Garay y los tambores del sur se robaron al público que colmó las instalaciones del Teatro Municipal. Los temas tradujeron la sensibilidad del percusionista argentino residente en Francia.
Una presentación que sorprendió a unos y dejó estupefactos a otros fue la del trío Suizo de Lucien Dubuis, cuya música es un tipo de Free Funk alternativo difícil de etiquetar.
Víctor Hugo Mercado presentó un recital que fusiona la música nacional con jazz; su álbum Diálogos es un trabajo que el autor denomina Jazzfolkbop.
Calificada como la presentación más exquisita del Festijazz, el trío del español Fran Molina logró impactar en la audiencia nacional con un concierto sobrio y equilibrado de lo que vendría a ser el jazz flamenco, que en la guitarra de Fran Molina, transporta musicalmente a lugares desconocidos, donde descubrimos la delicadeza y elegancia de la bailarina Carmen Cervantes.
La actuación del dúo brasileño Figuereido-Martins, la Coral Nova, la Big Band Juvenil y el trío de Mike del Ferro de Holanda antecedieron al último y aclamado concierto en el Municipal: Gabriel Lara Quinteto y Daniel Messina (Alemania) impactaron.