Argentina, es de lejos el país más gasificado de toda Latinoamérica. Durante más de cincuenta años, el vecino país ha desarrollado intensamente toda la cadena gasífera, empezando por el descubrimiento de importantes reservas, sistemas de producción y transporte y finalmente su masiva comercialización y utilización. Importante recordar que la penetración del gas natural en la energía primaria de la Argentina está entre las más elevadas del planeta, llegando a 50%.
El gas natural, por lo expuesto, resulta esencial e indispensable para el futuro del vecino país. Es básicamente imposible concebir su desarrollo, su crecimiento, su progreso y peor su recuperación económica (después de la debacle del 2001), sin un acceso seguro y confiable al gas natural.
Esta amplia cultura gasífera de varias décadas, sumada a los deprimidos precios, la recuperación del aparato exportador, la demanda de turbinas de ciclo combinado para generación de energía eléctrica y la preferencia por el GNV respecto a los hidrocarburos líquidos, ha hecho que la demanda interna de gas natural se incremente en forma desproporcionada en los últimos tres a cuatro años. Analicemos.
El 2000 la demanda interna de gas fue de 74 MMMCD. Para el año 2005 la misma subió a 114.4 MMMCD, es decir un incremento de casi 40% en cinco años. Para el 2010 la demanda se proyecta en 160 a 170 MMMCD y para el 2015 en aproximadamente 186 MMMCD. Resumiendo y haciendo entendibles las cifras para los lectores, se estima que en diez años más se consumirán en la Argentina cerca de seis gasoductos al Brasil a plena capacidad de 30 MMMCD.
Si bien la demanda tiene un espectro muy promisorio, las reservas y el potencial geológico argentino no miran nada prometedores. Par analizar esta situación, hemos comparado la relación reservas/producción de varios años. En 1980 Argentina tenía una relación reservas/producción de 81 años. En 1990 esta relación disminuye a 37 años y el año 2000 se reduce aún más a 21 años. El 2004, año de la crisis, esta relación llega a 14 años y para finales del presente año se estima que la misma se situará en nueve años. Resumiendo, a finales del presente año, al ritmo de producción actual, Argentina sólo tendrá gas para aproximadamente nueve años más.
La cuencas Noroeste, Austral y Neuquina son cuencas maduras y algunas en declinación. Estudios demuestran que en ellas sólo es posible realizar descubrimientos marginales y de ninguna manera significativos. Nuevas fronteras geológicas son por supuesto una alternativa, principalmente costa afuera. Éstas requieren de un periodo exploratorio extenso, superior a los cinco años y con muchos billones de dólares de capital de riesgo, que habrá que analizar si el capital privado está dispuesto a invertir. Sin embargo, nada está dicho y la demanda argentina y regional son muy potenciales y muchas cosas pueden ocurrir.
El análisis anterior y de las tendencias presentadas en varios seminarios internacionales, nos llegan a concluir que es muy posible que la Argentina, en el corto a mediano plazo, se convierta en un neto importador de gas natural para así poder atender su demanda interna.
Todo indica que Argentina debe considerar importaciones. Para ello, sin embargo, es vital que en el más breve plazo tome una decisión respecto a la recomposición de los precios de gas.
*Álvaro Ríos fue ministro de Hidrocarburos.
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