Algunos dirán que son consignas y no propuestas, pero se trata de puntos de partida, y no es poca cosa. Existe una confusión que, de tanto repetirse, se ha vuelto un lugar común que ha terminado por confundir las cosas. Y, paradójicamente, se ha convertido en el punto de partida de los análisis del proceso electoral con la consiguiente reducción de los hechos a un par de pautas explicativas que por su simpleza parecen veraces.
Me refiero, por ahora, a la transformación de la polarización ideológica (que se refiere a posiciones en una línea imaginaria que recorre de “izquierda” a “derecha”) en polos de fuerzas políticas, es decir, en actores, perdiendo de vista que los actores, como se sabe, adoptan posiciones de acuerdo a la dinámica de las relaciones de fuerza y cuyo sentido —el sentido de las posiciones— está sujeto a las variaciones que provienen de los intercambios que se dan en el espacio de interdiscursividad. Y los procesos electorales son, precisamente, momentos intensos de interdiscursividad que pueden promover tanto la exacerbación de las diferencias como la convergencia de posturas.
Es evidente que la conformación de binomios presidenciales ratificó la tendencia de polarización ideológica, sin embargo, las cosas volverán a ese lugar que aconsejan la lógica y la estrategia electoral si se quiere vencer, es decir, al centro. Por ello, las posturas maximalistas darán paso paulatinamente a una línea discursiva minimalista por parte de los candidatos para iniciar la disputa de ese mayoritario porcentaje del electorado que definirá sus posibilidades de victoria, asimismo, las desavenencias serán matizadas por la necesidad de coincidencias básicas habida cuenta que no existirá ganador absoluto y que se impondrá una necesaria coexistencia. Esto no quiere decir que debe reeditarse la democracia pactada como un procedimiento inevitable sino que deberá adoptarse otra modalidad. Es cierto que la democracia no funciona sin pactos ni acuerdos, sin embargo, los pactos pragmáticos para conformar coaliciones de gobierno deben dar paso a un acuerdo programático entre oficialismo y oposición como la única fórmula para garantizar estabilidad y legitimidad.
El actual escenario electoral no proporciona elementos para suponer la viabilidad de esta fórmula política, empero, la disputa por los indecisos inducirá a que las principales candidaturas tengan que modificar sus discursos y atemperar sus posiciones iniciales para pretender victoria.
Esta acción coincidente puede proporcionar elementos mínimos de convergencia en temas cruciales —Asamblea Constituyente, autonomías departamentales y política hidrocarburífera—, acerca de los cuales parecen existir más discrepancias que diferencias insalvables.
Por ejemplo, ningún candidato pone en duda la realización de la Asamblea Constituyente y del referéndum autonómico, asimismo, con relación a la política económica ninguno ha manifestado otra posición que no sea el fortalecimiento del protagonismo estatal.
Algunos dirán que son consignas y no propuestas, pero se trata de puntos de partida y no es poca cosa para empezar y desdecir a los fatalistas.
*Fernando Mayorga es sociólogo.
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