Consenso interno para entrar al TLC Bolivia tiene que resolver sus problemas internos si desea incorporarse al Tratado de Libre Comercio. Era sabido que sin seguridad jurídica a las inversiones y estabilidad política, poco se puede esperar que se admita a Bolivia en el grupo.
Hace largo tiempo que desde estas páginas, La Razón se preocupa insistentemente del ingreso de Bolivia al Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, y hace más de un año que, periódicamente, le exige al Gobierno que explique el por qué de esa condición de “observadora” que lleva Bolivia a la ronda de trabajo con los norteamericanos y no una calidad de negociadora, que es lo que se requiere, como lo hacen Perú, Colombia y Ecuador.
A fines del próximo año llegarán a su fin las preferencias arancelarias del ATPDEA (Ley de Preferencias Arancelarias Andinas y Erradicación de la Droga) y que si Bolivia no forma, para entonces, parte del TLC, las exportaciones en joyas, cueros, muebles y textiles, perderán el gran mercado estadounidense. Esto no significa solamente que Bolivia exportará menos, sino que, de acuerdo a lo que afirman los exportadores nacionales, se podrían perder entre 80 mil y 90 mil empleos directos e indirectos. Lo peor de todo esto es que esos empleos afectarían mayoritariamente a regiones como por ejemplo El Alto, justamente la ciudad más necesitada de trabajo.
Desde ese punto de vista, pese a que la incorporación de Bolivia al TLC no está descartada, los empresarios, ante la inseguridad, ya tienen problemas con sus inversiones, y, por tanto, todo está detenido a la espera de superar trabas que no son solamente de los norteamericanos, sino nuestras, de nuestra política interna.
Según la enviada de La Razón a Washington, el criterio en EEUU es que Bolivia tiene que resolver sus problemas internos si desea incorporarse al Tratado de Libre Comercio. Era sabido que mientras no existiera seguridad jurídica a las inversiones y estabilidad política, poco se puede esperar en cuanto a que se admita a Bolivia en el grupo. Pero, eso, los sucesivos gobiernos prefirieron callar.
Las cosas están más claras, empezando porque la seguridad jurídica y la estabilidad política (que garantizan los recursos invertidos) pasan por una debida institucionalidad en el país, es decir por un ordenamiento general y la elección de un nuevo gobierno constitucional. Charles Shapiro, funcionario del Departamento de Estado, responsable y especializado en el hemisferio Occidental, ha dicho que, para ingresar en negociaciones con el TLC, Bolivia tiene que lograr “un consenso político interno”. Y que esto está, obviamente, en manos de los bolivianos.
O se llega a un consenso político interno sobre el TLC (lo que cada vez parece estar más lejano) o al país sólo le quedaría adherirse, con algunas modificaciones, al acuerdo comercial que firmarán Perú, Colombia y Ecuador, con Estados Unidos.
El vicepresidente de la Cámara de Comercio de EEUU, John Murphy —según la fuente de La Razón— dice que la inestabilidad política de los últimos años “ha influido en las decisiones de las empresas del sector de energía, y ellas verán con mucha precaución la posibilidad de nuevas inversiones en Bolivia”.
Ciertamente, existen posibilidades para que Bolivia ingrese al TLC con EEUU, pero está claro que no será fácil. Desde luego por una oscura campaña que se ha desatado contra el Tratado, de parte de partidos y políticos emergentes, y porque el tiempo corre en contra del país, ya que los plazos para incorporarse tienen un límite y se van acortando inexorablemente.