Un Acuerdo por La Paz La crisis paceña de representatividad y liderazgo es resultado de un círculo vicioso de frustraciones. Enhorabuena, veremos marchar de la mano a empresarios privados grandes, medianos y chicos sin miramientos, empujando el mismo carro del progreso.
La crisis que se vive en estos días ha hecho que algunos empresarios paceños mediten sobre el destino del departamento, dolidos por el éxodo de la población, que se comprueba año que pasa en las estadísticas oficiales.
El departamento de La Paz, que tiene en su territorio, aparte de una frontera con dos países, un gigantesco lago, el altiplano más fértil, riqueza minera, los Yungas, la región amazónica y una diversidad étnica envidiable, figura, sin embargo, entre las regiones bolivianas con más migración de población.
Que toda esa riqueza no haya sido utilizada para crear una estructura económica de progreso, que en lugar de expulsar gente atraiga, es una aberración. Que los paceños no hayan logrado, a pesar de que su capital es la sede del Gobierno Nacional, estar conectados por carretera con los departamentos del noreste, es otro absurdo. Todo esto y más, seguramente ha golpeado a los empresarios de La Paz que ahora han decidido decir ¡basta!
La burocratización excesiva ha provocado una dependencia perniciosa en La Paz y ha hecho que sus empresarios se especialicen en actividades de servicio al Gobierno central y descarten de plano toda actividad productiva interna continua. El debilitamiento del Gobierno central, consecuencia de las políticas de ajuste, disminuyó las posibilidades de empleo en la región y eso ha llevado a que La Paz y El Alto se conviertan en una especie de “mega-ciudad” donde se concentran muchas frustraciones.
Por esa vía es, ciertamente, inevitable que dentro de pocos años La Paz sea uno de los departamento menos poblados del país. A ello se suma la crisis de liderazgo del departamento, con instituciones cuyos esfuerzos son dispersos y cuya representación, en el contexto nacional, es débil. Allí están los empresarios privados paceños apocados por el peso de la Confederación, están los tres comités cívicos —divididos y ninguno con la fortaleza de un Pro Santa Cruz— y una brigada parlamentaria igual o peor, y así sucesivamente.
En vista de todo ello, golpeados por la crisis, algunos empresarios de La Paz y El Alto suscribieron un Acuerdo por La Paz, que propone movilizar las potencialidades económicas del departamento para buscar el progreso de la región. Por ese camino, este proyecto llegará a convertirse —esperemos todos— en el acuerdo por la paz del país entero.
El trabajo, por supuesto, será muy duro. La crisis paceña de representatividad y liderazgo es resultado de un círculo vicioso de frustraciones arraigadas en un proceso más de exclusión que de inclusión. Enhorabuena, veremos marchar de la mano a empresarios privados grandes, medianos y chicos sin miramientos, empujando el mismo carro —como lo es en otras regiones—.
El Acuerdo propone la creación de un Consejo por La Paz que promueva iniciativas públicas y privadas en beneficio del departamento. Todos los sectores sociales paceños serán convocados a participar en esta cruzada por el progreso y contra el éxodo. El esfuerzo deberá ser muy intenso. Es la mentalidad de los paceños, todos, la que debe cambiar para que este milagro sea posible. Los paceños, que alguna vez encendieron la tea de la libertad para todo el país, tendrán ahora que encender la tea del progreso. Tendrán que esforzarse para estar a esa altura.