Es casi segura la posibilidad de que nadie obtenga la mayoría absoluta en las elecciones presidenciales. E igualmente incierto un epílogo asociable a gobernabilidad en la votación parlamentaria de segunda vuelta. Detrás de Evo y Tuto, Samuel Doria Medina, a distancia no insalvable, si se toma en cuenta el carácter mutante del voto ciudadano, característica que advierte rigor especial en los indecisos. Estos siguen alcanzando un porcentaje que no se puede pasar por alto. Rige lo mismo respecto a la dirección triunfalista que casi siempre ellos imprimen a su voto. Se deciden a favor de quien asume trazas de victorioso y no de perdedor. Aún no sabemos quién pescará más que el otro en el cardumen de los que no saben por quién votarían si las elecciones se realizaran hoy.
En consecuencia, a cualesquiera de los tres citados candidatos que aparezca luciendo en el pecho las insignias del mando supremo de la nación, le pasará algo igual o peor a lo que sufrieron sus predecesores en el poder político a partir de 1997. Serán presa de lo que algunos denominan “movimientos sociales” y que en realidad no son sino las hilachas más visibles y consistentes del desmadejado superestructural provocado en el país por la mala administración del actual modelo. Los “movimientos sociales” les encañonarán con bloqueos de calles y caminos, caminatas interdepartamentales, asedios, tomas de rehenes y secuestros, amén de otras acciones de violencia. Se obligará al futuro gobierno a reorientar sus políticas de Estado, sobre todo las sectoriales, en la dirección que impongan los revoltosos.
Acaso a Evo le vaya mucho peor que a sus actuales rivales, en el caso que resulte Presidente. Así lo anticipa la tradición de territorialismo y rivalidad caciquesca prevaleciente aún en la latitud social (que ahora es también política), de la cual él procede. En el altiplano, Felipe Quispe no le perdonará que pisándole la cola, se le adelantara, obstruyéndole el viaje en reversa al Collasuyo. Véliz y Loayza, entre otros, se le irán encima ni bien se muestre luciendo en el pecho la medalla del “k'ara” Bolívar, como diría el “Mallcu”. Inclusive los cocaleros del Chapare le tirotearán con bloqueos y otras acciones si en un determinado plazo no hace, respecto a la coca, lo que ellos quieren. Menos mal que el riesgo de una gobernabilidad extrema empieza ya a ser tema de reflexión en algunos candidatos presidenciales. Es lo que acredita Samuel Doria Medina en un documento que hizo publicar en los diarios con el título de “Carta Abierta al Pueblo de Bolivia”.
En realidad, más que el pueblo, son los demás candidatos presidenciales, específicamente Tuto Quiroga y Evo Morales, los destinatarios reales de la misiva. Afirma que ninguno de los tres obtendrá la mayoría absoluta de votos, razón por la cual “tenemos la obligación de llegar a un consenso político que permita el éxito económico de Bolivia”. Recalca que este no es posible “sin una alianza política que trabaje genuinamente para alcanzar objetivos económicos”. Tampoco lo es sin dejar atrás “las contiendas políticas y las ambiciones personales”. Más claro, agua: Samuel plantea un gobierno de coalición sobre bases de coincidencias programáticas y no de cuoteo. ¿Él con Tuto o con Evo? Tiene que ser con alguno de los dos, porque con los tres, completamente imposible. La cosa queda en pura interrogante. Sin duda que la interrogante será absuelta en el Parlamento.
*Mario Rueda Peña es abogado y periodista.
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