El 73% de la gente no tiene casa y el 50% vive en chozas Un informe del Viceministerio de Vivienda dice que en el país hay 2.500.000 viviendas para una población de más de nueve millones de habitantes. Existen dos trabas para acceder a los créditos: el sueldo bajo y la elevada cuota inicial.
Martín Flores, de 33 años, vive en una casa alquilada desde que tiene memoria. Pese a que gana alrededor de 4.000 bolivianos al mes, no puede acceder a un crédito para tener vivienda propia.
Él, que recorrió bancos y entidades financieras en búsqueda de crédito para la vivienda, considera que dos son las limitantes para acceder al crédito: los ingresos mensuales, que deben superar los 1.000 dólares, y el aporte propio, que es difícil de financiar.
“Cuando uno va a cualquier financiera me piden que mi sueldo sea de por lo menos 1.000 dólares, y, en las mutuales, me exigen un aporte propio que por ahora no puedo cubrir”, explica.
Las cifras muestran que la realidad de Martín se repite en al menos el 73% de la población del país. Además, se calcula que 3,6 millones de personas no cuentan con servicios de agua potable ni alcantarillado, por lo que la necesidad de vivienda se ve relegada a un tercer plano, según Hábitat para la Humanidad Bolivia, programa que apoya la construcción de viviendas.
A la fecha, el total de viviendas urbanas en el país asciende a 2.250.000 unidades, para una población de 9.427.000 personas, según datos del Viceministerio de Vivienda y el Instituto Nacional de Estadística (INE).
Tomando en cuenta esos datos, se llega a la conclusión de que sólo un 27 por ciento de la población tiene acceso a la vivienda en el país, mientras el déficit habitacional proyectado en Bolivia para el año 2005 es de 1.188.800 viviendas y con tendencia creciente a 1.430.000 el 2015, señala un informe del Viceministerio de Vivienda.
De ese total, 211.200 corresponden al déficit cuantitativo, es decir, a la falta de vivienda con relación al número de habitantes y 977.600 al déficit cualitativo de viviendas, que implica la carencia de servicios básicos y las deficiencias existentes en los componentes, como el piso, paredes, cubierta y el estado de conservación de las viviendas.
Según datos de Red Hábitat para la Vivienda, del total de la población, el 58 por ciento de las familias bolivianas vive en chozas que no reúnen condiciones mínimas de habitabilidad. Además, carecen de servicios y saneamiento básico y el 32 por ciento de hogares tiene tres personas o más en un dormitorio.
Las estadísticas traducen que la realidad de Martín Flores se repite cada día, porque las cifras muestran que en nueve años en el país la tenencia de vivienda propia subió sólo en 1.290. En 1992, 65.530 personas tenían vivienda propia y en el 2001 esa cantidad se incrementó a 66.820, señalan los datos del INE.
El principal problema para que la gente puede acceder a la vivienda en el país es el pago de la cuota inicial, indica Jorge de las Casas, responsable de los subprogramas financieros del Viceministerio de Vivienda. “Por la situación económica en el país, la gente tiene poca capacidad de ahorro, por eso no puede pagar su cuota inicial”, explica.
Sin embargo, la tenencia de vivienda propia todavía es precaria, según datos del programa Hábitat para la Vivienda.
Ese organismo dice que el 52 por ciento de las viviendas en Bolivia es construido con adobe y el 69 por ciento de los pisos de las casas es de tierra. Estas viviendas, por el material usado en la construcción, son altamente susceptibles a la procreación de plagas como la vinchuca, que trasmite el mal de Chagas.
Esa entidad también dice que en las ciudades capitales de Bolivia hay 1,2 millones de viviendas, de las cuales 850.000, es decir 70 por ciento, fueron construidas de forma precaria por sus propios habitantes. Para el coordinador general de esa organización, David Quezada, ese 70 por ciento requiere todo tipo de mejoras, razón por la que se necesita diseñar una política nacional acorde a los ingresos de la gente.
“Si bien hay propuestas de parte del Gobierno, la forma o el cómo atender este problema no está adecuada a la población de menores ingresos. No hay una oferta habitacional del Estado; la mayoría de las casas fueron hechas por la propia gente”.
Según Red Hábitat, una vivienda con calidad implica tener seguridad jurídica (propiedad), accesibilidad y disponibilidad de servicios básicos, entre otros.