El desempleo de jóvenes en Bolivia está llegando a límites angustiantes, pues de nada sirve tener incluso título académico. Esto está llevando a un gran desencanto entre los jóvenes, que empiezan a experimentar la vida adulta y ya se les presenta un fracaso.
Uno de los indicadores que está causando honda preocupación en Bolivia y en general en América Latina es el alto desempleo que se observa entre los jóvenes. Un informe de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina) indica que al analizar la tasa de desempleo juvenil, que ha sido escogida como indicador para medir los avances en el cumplimiento de los Objetivos del Milenio, se observa no solamente que ha habido pocos avances, sino también que entre todas las metas es la que peor desempeño tiene.
Entre 1993 y 2003, de todas las regiones en desarrollo, sólo en África hubo una leve disminución de esta tasa, pero ese continente sigue siendo la región con el desempleo juvenil más alto.
En América Latina y el Caribe el desempleo de los jóvenes de 15 a 24 años aumentó en aquel período de 12,4% a 16,6%, triplicando la tasa correspondiente a los adultos. Actualmente, casi la mitad de los desempleos de la región son jóvenes, según datos de la Organización Internacional del Trabajo. En el caso de las mujeres jóvenes, su tasa de desempleo alcanzó al 20,8%, un nivel significativamente más alto que para los hombres jóvenes, lo que suma gravedad al problema.
El desempleo de jóvenes en Bolivia está llegando a límites angustiantes, pues de nada sirve tener incluso título académico. Esto está llevando a un gran desencanto entre los jóvenes, puesto que apenas cuando empiezan a experimentar la vida adulta se les presenta un gran fracaso. La abundante disponibilidad de profesionales jóvenes está también dando lugar a que muchas empresas aprovechen la situación para contratarlos con salarios bajos, lo que es otro motivo de frustración, pues esto no les asegura iniciar una vida digna.
Si esto ocurre con los jóvenes profesionales, qué puede esperarse que les esté ocurriendo a los jóvenes que no han realizado estudios académicos o técnicos. Sencillamente, se hallan condenados a sobrellevar una vida marginal, lo que representa una gran pérdida para el país, debido a que se está maltratando a su potencial más valioso, los jóvenes.
La CEPAL dice que se suponía que los adelantos en los sistemas de educación, así como los cambios de las características de la demanda (manejo de nuevas tecnologías, mayor adaptabilidad) favorecerían a los jóvenes. Empero, ello no está sucediendo. En vano se hacen esfuerzos para mejorar la educación, cuando a la postre en la vida adulta no se recogen los beneficios.
Ante la gravedad del desempleo juvenil en Bolivia, correspondería que los poderes Ejecutivo y Legislativo, juntamente con las universidades públicas y privadas, así como con las instituciones empresariales, se aborde esta situación con la mayor urgencia. No es posible la indiferencia ante un drama que lastima el sentir colectivo. Es necesario que se examine el provecho real que se tiene con los estudios académicos y la mejor forma que puede darse para encauzar las inquietudes juveniles. Es también indispensable que se adopten medidas encaminadas a evitar la deserción de los estudios —tanto en nivel primario y secundario— como la mejor forma de evitar que los jóvenes se vean tan desprotegidos, como están, al extremo de inducirlos a la marginalidad, que es el camino más cierto para que ingresen al área de la criminalidad.