Tratando de encontrar un ángulo distinto de los habituales respecto de las candidaturas a la primera y segunda magistratura, di con un patrón común a las cuatro fórmulas que realmente están haciendo campaña: en materia de manejo de la lengua castellana, los presidenciables son un verdadero desastre, mientras que sus acompañantes muestran mejores dotes para el buen decir.
No tengo la intención de ser riguroso, de modo que iremos mencionando indistintamente los aspectos formales (estilo, pronunciación, sintaxis, etc.), los innatos (lengua materna, acento, etc) y los de presentación del discurso (recursos retóricos, dominio de la lengua, etc).
Pues bien, el castellano que exhiben nuestros aspirantes a la presidencia no los va a hacer miembros de número de la Academia de la Lengua —en su descargo, hay que decir que eso los tiene sin cuidado—, aunque, según el caso, el motivo es distinto.
A Morales y Nagatani los une el hecho de que su lengua materna no es la española. El masista es aymaraparlante de origen y el movimientista fue educado en japonés; por tanto, los problemas de pronunciación y de construcción de oraciones en castellano son evidentes en ambos. En la medida en que uno crece con su lengua de cuna, interpreta los sonidos ajenos con la fonética que le es familiar. Es altamente probable que cuando un aymaraparlante escucha la palabra Filemón (una elección arbitraria para el ejemplo) la interprete como Felimón. Como no estoy concernido de la lengua japonesa no recurro a un ejemplo similar, pero el asunto no tiene por qué funcionar de otra manera. ¡Ah!, por supuesto que ocurre lo propio en sentido inverso, sino pruebe a pronunciar correctamente según la situación, en aymara, lo que para el hispanoparlante es simplemente la letra "k". Problemas de sintaxis, concordancias de número y género, pleonasmo, etc. son comunes a ambos candidatos.
Los defectos de Quiroga y Doria Medina son de otra naturaleza. El primero peca de pobreza lexicológica; tengo la impresión de que, aparte de los manuales de su oficio, no ha leído mucho —de literatura, ni hablar—. Intenta, sin éxito, improvisar pareados. Aquí le va una ayudita para su próximo discurso: Si vas al Peloponeso, quizás te la den con queso. El segundo posee un correcto manejo del idioma, pero su verbo es desdichadamente unidimensional e inexpresivo.
Lo bueno, a ratos por exceso, viene, como lo advertí, por el lado de los vices. ¿Es necesario abundar en las cualidades comunicativas de la señora Duchén? Si inyectara profundidad (de verdad, no a lo Coelho) a sus palabras y luciera menos impostada tendría algo que aportar. Don García es una usina de términos sociológicos con cierto aire de suficiencia. Dabdoub es probablemente el más elegante al momento de hablar; lo hace con naturalidad y calidez. Finalmente, Bedregal es el culterano que aún no ha desplegado la verborragia a la que nos tiene acostumbrado —con citas en latín y referencias bíblicas incluida—.
*Puka Reyesvilla es docente universitario.
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