Se podría decir que Bolivia tiene gobiernos transitorios desde casi siempre. Es una transición hacia la formación de una nación; una tarea siempre inconclusa.
Pero desde el punto de vista constitucional nunca se había dado una seguidilla de gobiernos transitorios como la que se da desde el año 2000. Eso se puede comprobar revisando la suerte de algunas medidas equivocadas tomadas ese año y que no han sido corregidas por todos los gobiernos transitorios que siguieron.
Fijar los precios de algunos derivados del petróleo en ese año era peligroso porque, por esos días, el mundo había visto grandes descensos en la cotización internacional. Con el crudo cotizado incluso por debajo de 10 dólares el barril, el gobierno de entonces trastabilló al no disponer que los precios de los derivados bajaran proporcionalmente. Por lo tanto, cuando el precio internacional comenzó a subir, el gobierno aquel no tuvo la autoridad para elevar los precios internos. Y así, por un error, los precios quedaron congelados en un nivel imposible de mantenerse.
Con esa política tan peligrosa, el país ha vivido el más grande periodo de alzas en el precio del crudo, que se dio este año, cuando pasó el nivel de los 70 dólares.
Los productos subvencionados por el país más pobre de Sudamérica están llegando, por supuesto, a los países vecinos, donde, en cambio, rigen precios reales. Frenar esa corriente se ha mostrado como una tarea imposible.
Los expertos en este tema dicen que, en el caso del diesel oil, el consumo interno, más bien la demanda interna, ha crecido hasta duplicarse en los últimos tres años. Si la economía del país hubiera tenido un crecimiento proporcional, Bolivia habría salido de la pobreza. Pero ocurre que el incremento en la demanda del diesel oil es provocado por las exportaciones ilegales y no porque el consumo interno hubiera aumentado. Argentinos, brasileños, peruanos y chilenos deben estar muy agradecidos por este gesto desinteresado de los bolivianos.
Para que este caso del diesel oil se pueda dar, el país debe hacer filigranas, como enviar petróleo condensado a una refinería argentina, con el pedido urgente de que lo devuelva convertido en diesel. Las condiciones de esta operación son, por supuesto, impuestas por la refinería que recibe la angustiosa solicitud. Los pagos por aquel condensado se atrasan, mientras que el pago por el diesel de vuelta tiene que ser al contado. Todo esto sin mencionar que luego, cuando el diesel ha llegado a Bolivia, y ha sido pagado, parte del volumen regresa a la Argentina de contrabando, a un precio artificialmente rebajado por la subvención boliviana. En cualquier parte del mundo esta situación sería considerada una política de locos. Pero aquí se la mantiene porque nadie se atreve a hablarle al país en serio y con la verdad.
Y el efecto de este juego absurdo es que la economía está estancada. Por supuesto: la diferencia de los precios bajos se paga en impuestos. No nos hagamos ilusiones. Pero esos impuestos podrían tener un mejor destino que subvencionar el consumo de combustibles en países vecinos.
De todos los últimos presidentes, Eduardo Rodríguez Veltzé es el que más ama su carácter de transitorio. Si quiere hacer un verdadero aporte al país tendría que ayudar a corregir esta peligrosa aberración.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
A un panal de rica miel...
... cien mil cuervos acudieron, etc. Pues sí, me refiero al Servicio Nacional de Caminos cuyo actual presidente, hombre íntegro, profesional de gran preparación y, además, apartidista,
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