El número elevado de observadores permitirá que éstos sean distribuidos a lo largo y ancho del país, lo que será el aval de mayor significación que vayan a tener las elecciones en Bolivia, en torno a las cuales existe, evidentemente, una creciente expectativa internacional.
Con la presencia en el país de observadores internacionales se han dado las garantías necesarias para un normal desarrollo del actual proceso electoral, que culminará el 18 del próximo mes. Era algo importante que estaba faltando para que interna y externamente se tenga la seguridad de que los bolivianos concurrirán a la consulta popular rodeados de la suficiente seguridad; de que no se producirán irregularidades y que si ellas se registran, descalificarán de inmediato a los autores o promotores de lo que pueda ocurrir en este sentido.
En realidad, hasta el presente la campaña proselitista no fue todo lo normal que habría sido de desear. La candidatura de Podemos ha denunciado que sufrió ocho agresiones en sus sedes electorales de distintos lugares del país, sin que hubiera habido la fuerza moral o coercitiva necesarias que sancione tales hechos.
Con estos antecedentes, había el riesgo de que al aproximarse la fecha señalada para acudir a las urnas proliferen los actos de violencia, dada la tensa confrontación que existe entre las fuerzas que concurren a la cita, especialmente entre dos de ellas.
Corresponde aplaudir a la Organización de Estados Americanos (OEA) por haber enviado una calificada delegación de observadores, encabezada por el distinguido político colombiano Horacio Serpa. El acierto es mayor al producirse la llegada de los observadores precisamente en el período más crítico de la campaña electoral. De momento, la delegación es reducida, pero poco a poco se incrementará hasta llegar a 50 personas. El doctor Serpa adelantó, además, que se espera que la cantidad de observadores llegue al centenar, con los supervisores que envíen otros organismos internacionales.
Algo que es también digno de destacar es el hecho de que la misión de la OEA tendrá una larga permanencia en Bolivia. Estará presente desde el
desarrollo del período preeleccionario hasta la conclusión de los cómputos, lo que se estima que durará por lo menos hasta mediados de enero del próximo año.
El número elevado de observadores permitirá que éstos sean distribuidos a lo largo y ancho del país, lo que, como se dijo al principio, será el aval de mayor significación que vayan a tener los comicios en Bolivia, en torno a los cuales existe, evidentemente, una creciente expectativa internacional.
De otra parte, esta será la oportunidad para demostrar al mundo que las naturales divergencias que suscitan una consulta electoral se desarrollarán en el marco de la tolerancia y de un veraz espíritu democrático. Es decir, que aquello de proclamarse demócrata vaya más allá de la simple pose. Desde la restauración de la democracia en el país, esto es en los últimos 23 años, las elecciones nacionales se han desarrollado en un clima de normalidad, algo más, de auténtica fiesta cívica.
Corresponderá a los dirigentes políticos y, en particular, a los candidatos presidenciales, hacer que, una vez más, los comicios en Bolivia se cumplan civilizadamente, a través del respeto mutuo. Tienen que acabar los agravios y las mentiras. Sus esfuerzos tienen que estar dirigidos más bien a mostrar la bondad de sus ofertas electorales, pues esta es la falencia que se está advirtiendo, según últimos sondeos de opinión difundidos por La Razón.