Realmente es utópico pensar que se pueda controlar el mercado de la coca, debido a que el narcotráfico, por los millonarios ingresos que percibe de su negocio ilícito, siempre encontrará los medios para burlar controles y cuanta fiscalización pretenda aplicarse.
Una campaña electoral se presta para todo género de propuestas, pero hay algunas que tienen forzosamente que merecer una mayor atención de la ciudadanía, porque pueden lindar en lo ilegal y crear situaciones riesgosas e insostenibles para el país, con efectos multiplicadores.
Una de ellas es la que, a nombre de una de las candidaturas presidenciales, se ha expuesto con algún detalle, aunque no figura originalmente en su programa de gobierno. Se ha dicho que se prepara la legalización del cultivo y producción de coca en el país con miras a industrializarla. Incluso se habla ya de que el mercado chino sería insuficiente para dar cabida a toda la producción de la coca industrializada del Chapare y de los Yungas. A tal punto de exitismo se está llegando en este asunto.
El caso es que una hipotética legalización de la producción de coca iría directamente en contra de tratados suscritos por Bolivia con el resto del mundo, en consideración a que dicha hoja es incuestionablemente la materia prima de la cocaína. Por tanto, el peligro de una interdicción del país por la comunidad internacional sería poco menos que inevitable.
En lo interno, se trataría de un gran retroceso en lo que es la vigencia de la Ley 1008, que establece cuál es la coca legal y cuál la excedentaria o ilegal. Estos son los límites que tiene Bolivia para el cultivo de la coca, todo lo demás es punible, en criterio del consenso mundial. Pretender que cambie esta política en el plano internacional es desconocer los motivos que han inducido a que se la aplique. Ocurre que muchísimos países han decidido combatir a la producción de cocaína y otras drogas en virtud del grave daño que ocasiona a la gente que las consume. Y más aún, al alto grado de delincuencia que genera.
Realmente es utópico pensar que se pueda controlar el mercado de la coca, debido a que el narcotráfico, por los millonarios ingresos que percibe de su negocio ilícito, siempre encontrará los medios para burlar controles y cuanto sistema de fiscalización pretenda aplicarse. De ahí que causa estupor que se diga que sólo se reconocería como ilegal a la coca que se descubra en una poza de maceración.
O hay mucha ingenuidad en todo esto o de lo que se trata es de tender una cortina de humo para que la producción de cocaína deje de tener los controles que tiene al presente, pese a los cuales no se ha podido contener esta actividad delictiva, la que, por el contrario, cada vez se incrementa más. La prueba está a la mano. La FELCN este año ha realizado 5.700 operativos a nivel nacional y confiscó 40,7 toneladas de pasta base de cocaína, clorhidrato de cocaína y marihuana.
En el caso de que Bolivia pretenda cambiar su actual política antidrogas, sus intereses se verán perjudicados, advirtió claramente el Embajador de Estados Unidos. Pero el caso es que no solamente el mercado estadounidense es el que recibe la cocaína que se produce en Bolivia, otro tanto sucede con los países europeos. Más cerca todavía, Brasil y Argentina tienen que extremar recursos para combatir el tráfico de cocaína. Ahora que estos dos países vecinos han demostrado estar muy interesados en el proceso electoral boliviano, bueno sería que, al mismo tiempo, hagan conocer su opinión sobre la intención de despenalizar en este país la producción de coca.