Respeto por la soberanía nacional Los bolivianos quisieran que ahora, cuando las decisiones de la política se hacen por las vías de la democracia, nadie pretenda darles lecciones sobre cómo deben manejarse. Que nadie ofenda a los bolivianos pretendiendo darles lecciones de política.
Bolivia está en el centro del escenario político sudamericano, debido a las expectativas que existen sobre las elecciones generales del 18 de diciembre. Por cierto que hay nerviosismo, pues las alternativas que se presentan son el reflejo de opciones opuestas, polarizadas y encontradas entre sí.
Bolivia, según dijo la revista The Economist, será un país pobre pero tiene la costumbre de crear tendencias para toda la región. Si eso es así, mayor es el motivo para que los observadores extranjeros muestren interés en lo que está por ocurrir aquí.
Pero sería bueno que ningún país extranjero pretenda inmiscuirse en las decisiones de los bolivianos. Lo que no quiere decir que los extranjeros estén prohibidos de tener sus preferencias en esta competencia. En los últimos días, un representante diplomático extranjero cometió la torpeza de tomar partido en el proceso electoral, descalificando a un candidato. Cometió el mismo error de otro diplomático que, hace tres años, había descalificado a otro candidato boliviano.
La convivencia de las naciones está basada en el respeto de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos. Violar esos principios podría provocar el surgimiento de un clima político tenso, que daría lugar a situaciones de imprevisibles consecuencias. Los diplomáticos extranjeros que ejercen funciones en Bolivia necesitan respetar al país y mostrarlo con una total prescindencia. Son, al fin y al cabo, los principales observadores extranjeros que deben dar fe de la corrección del proceso electoral, antes incluso que lleguen los observadores de los organismos internacionales.
Bolivia ha inspirado siempre la solidaridad de países extranjeros. Fue el ejército argentino el primero que llegó a ayudar a los bolivianos a expulsar a las fuerzas de ocupación de la Colonia. El ejército de Simón Bolívar fue el segundo que llegó con ese propósito, para ayudar a la guerra de la independencia, una guerra iniciada aquí antes que en otros países de la región. La costumbre boliviana de iniciar tendencias para toda la región es antigua.
Pero, eso sí, los bolivianos quisieran que ahora, cuando las decisiones de la política se hacen por las vías de la democracia, nadie pretenda darles lecciones sobre cómo deben manejarse. Que nadie ofenda a los bolivianos pretendiendo darles lecciones de política. Que cada uno de los países de la región atienda sus temas internos como quiera. Aparte de algunas ideas, generalmente nuevas, como la de la independencia, no van a recibir de Bolivia otro tipo de injerencia los países de la región.
Que el episodio de estos días sirva de lección para todos los extranjeros que estén pensando en inmiscuirse en las cosas de los bolivianos. El consejo sería decirles que se pongan a observar y que aprendan. Pero que se queden callados. Podrán festejar si ganan sus favoritos, pero dentro de sus casas.
Sólo de esa manera podrán esperar que, también en sus países, se les respete, se les permita tener gobernantes buenos o malos, sin que nadie tenga que decirles si está bien o mal. La convivencia civilizada consiste en respetar el derecho de los demás. Los derechos de los países terminan allí donde comienzan los derechos de los demás. Respetar esa regla sería muy bueno para los sudamericanos, sobre todo para los que quieren que ningún forastero los venga a humillar y decir lo que no corresponde.