La severa crisis de representación social por la cual atraviesan los partidos políticos bolivianos se traduce en una pérdida de credibilidad en lo político, en el tajante rechazo a la corrupción, al nepotismo, al totalitarismo y en una serie de frustraciones regionales y nacionales. A su vez, esta pérdida de legitimidad política ha permitido que se incremente la confianza en la persona como ente singular y en otros tipos de instituciones, como ser: comités cívicos, medios de comunicación y agrupaciones ciudadanas.
Partiendo de estas evidencias, resulta un desprendimiento verdadero ingresar en el enrarecido y desprestigiado ámbito de la política en Bolivia. En este contexto interpelando a esa cultura política grosera, haciendo oídos sordos a la maledicencia pública, a fuerza de estudio, capacidad y sobre todo personalidad, María Alejandra Barbery Zanutti asume personalmente los riesgos de una opción legislativa que la compromete con Santa Cruz y con Bolivia.
Caracterizada por su acento jerárquico, ambición y una promisoria carrera como abogada, la doctora Barbery consolida el ideal emancipador de una generación femenina que no se ha reducido a cumplir con el papel protocolar y de relleno que cumplen la mayoría de las féminas que están en carrera electoral en la actualidad, sino más bien lo ha redefinido, poniendo al servicio público su capacidad, tiempo y su energía en la defensa de las mujeres oprimidas, el respeto a los Derechos Humanos, la educación, y otros.
Alejandra es una realidad que está más allá de los afectos o desafectos que su persona pueda suscitar. Ella es el prototipo de la mujer boliviana de acción, moderna, capaz e inteligente, autónoma y emancipada. Su calidad profesional y humana, está avalada por su trayectoria como abogada y catedrática universitaria, por la lectura de sus escritos poéticos, por sus innumerables artículos periodísticos y por el seguimiento de sus incontables conferencias académicas. Ella cuenta con suficiente capital humano y político, y le llegó la hora de invertirlo.
Me alegra verte haciendo proselitismo, en campaña y me alegrará más todavía cuando tu presencia en la Cámara Baja de nuestro Congreso Nacional evidencie que las mujeres estamos dispuestas a consolidar una ciudadanía plena, a introducir a la deliberación pública temáticas referidas al mundo femenino y a ejercer nuestro derecho indiscutible a intervenir, con todas las garantías, en el ámbito del poder, en el gobierno y en la sociedad.
Interpretando la amistad como un afecto desinteresado y recíproco que se basa en la sinceridad, generosidad y comprensión; en la afinidad de las inclinaciones, en la complicidad de mitos y realidades, en edificar utopías y construir bohemia; heme aquí lejos, pero a la vez muy cerca, con vos en esta nueva aventura, que es también mía.
En cualquier caso, después del 18 de diciembre, encontraremos el tiempo para seguir reuniéndonos en el ocaso de cualquier jueves, en cierto café o en el bar de siempre, para retomar nuestras elucubraciones filosóficas, exorcizar nuestras angustias, reírnos del mundo y para apoyarnos en la cordura y en la locura que implica este nuestro efímero transitar por el planeta azul.
*Mariella Pereyra es cientista política.
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