Lo que se está haciendo es apelar a lo mejor de la conciencia de los bolivianos para que no dejen de cumplir su responsabilidad con la patria, la madre común. Es necesario que todos se hagan partícipes de la formación del futuro gobierno y sea lo suficientemente fuerte.
La responsabilidad de decidir es uno de los requerimientos de la vida, tanto en lo particular como en lo cívico. El ser humano a cada momento está tomando decisiones que, muchas veces, pueden ser cruciales para su porvenir. De igual manera, deberá hacerlo como ciudadano, no puede negarse a esta exigencia porque su futuro como miembro de una sociedad está también en juego.
Cuando Bolivia se halla inmersa es una tensa lucha electoral para nominar al gobierno que asumirá el poder el 22 de enero próximo, resulta extraño que a estas alturas hayan electores que no han decidido aún su voto. Esto queda puesto en evidencia en una última encuesta difundida por medios de comunicación.
Los casos más salientes son los de Oruro, Chuquisaca y Beni, donde las personas encuestadas dijeron que no sabían por quién votar o simplemente no quisieron responder a la consulta. En el primer departamento el porcentaje fue del 10%, en el segundo del 12% y en el tercero del 13%. Decimos que sorprende que estos ciudadanos no tengan idea de lo que van a hacer el día de las elecciones. Esta es una forma de desentenderse del destino del país, del cual, sin embargo, viven. Residen en su territorio, usan sus instituciones y usufructúan de los servicios que les ofrece. No hay entonces la reciprocidad.
Empero, el caso más condenable es de los que de antemano han resuelto votar en blanco o anular su sufragio. La situación en este punto es realmente alarmante. Tales opciones asumieron en La Paz el 9%, en Cochabamba el 11%, en Oruro el 13%, en Potosí el 16% y en Tarija el 9%. Sin lugar a dudas, se trata de gente que se siente ajena a la vida nacional. No se trata de una simple actitud evasiva, sino de una cobardía. No tomar decisiones cuando el país así lo demanda es simple y llanamente rehuir la responsabilidad de ser ciudadanos. Naturalmente, el decidir implica un riesgo pero hay que saber asumirlo por elemental compromiso con la tierra que lo acoge a uno.
Decididamente, esta vez no es tolerable que haya un boliviano que no se juegue por el país. Las elecciones del 18 de diciembre próximo tienen todas las características de constituirse en un momento estelar de la vida nacional y de la historia de la República. De sus resultados dependerá no sólo la suerte del país, sino de cada uno de los bolivianos. Todos, sin exclusión, serán tocados por lo que suceda en el porvenir. No decidir de participar en las elecciones es también una forma de decidir, de renunciar a cumplir una obligación imperiosa y, así, llegar al enajenamiento de la ciudadanía boliviana. Es lo que también ocurriría en el caso que en la instancia congresal, donde deberá elegirse a una de las dos candidaturas más votadas, se prescindiera de favorecer con su voto a una de ellas. Lo que se haría, en ese caso, es decidir, de todos modos, por lo incierto, que es lo peor que puede darse en tal situación.
Con las líneas precedentes lo que se está haciendo es apelar a lo mejor de la conciencia de los bolivianos para que no dejen de cumplir su responsabilidad con la patria, la madre común. Es necesario que todos se hagan partícipes de la formación del futuro gobierno, para que sea representativo de su voluntad y sea lo suficientemente fuerte para garantizar la gobernabilidad.