Respeto por las vías democráticas Los desatinos a sólo dos semanas de las elecciones nacionales pueden ser muy costosos para el proceso en sí mismo, y lo que cabe en esta recta final es concentrarse en lo importante, que es dotarle al país de gobernantes elegidos por la vía democrática.
El senador Román Loayza, del MAS, hizo noticia en los últimos días con unas declaraciones de prensa que tuvieron fuerte impacto y provocaron alarma, además de un rápido pronunciamiento de su partido, que lo desautorizó.
Loayza dijo que su líder debía llegar a la presidencia de la República “de a buenas o de a malas”. Esto, además de un improperio, es una afirmación que puede servir para que la ciudadanía distinga dos diferentes métodos de hacer política.
En efecto, Loayza ubicó a su partido en las antípodas de la política: entre la democracia y el golpismo, métodos que son incompatibles. O se es demócrata o se es golpista.
Han habido casos, es cierto, de políticos que transitaron ambos senderos. En Bolivia lo hizo el general Hugo Banzer y en Venezuela el coronel Hugo Chávez. Pero son casos muy raros, ya que los demócratas son contrarios, radicalmente contrarios, al golpismo. El golpismo consiste en proponer gobiernos que, apenas instalados, violan la Constitución y las leyes, porque las ignoran por completo. El camino de la democracia, en cambio, es más difícil, pues consiste en gobernar respetando, en cada momento, la vigencia de la Constitución y las leyes. En estos dos extremos caben muchos temas, desde los derechos humanos hasta la vigencia de normas para el manejo de la economía. Hay que advertir que algunos gobiernos democráticos han violado principios constitucionales, pero no han durado mucho.
En este momento, sin embargo, las declaraciones de Loayza tienen también que ser observadas como parte de un proceso. Los bolivianos han decidido respetar la Constitución, como lo prueba la sucesión de presidentes que se han dado desde el 2003, siempre respetando lo que dispone la Carta Magna. Por lo tanto, proponer vías diferentes a las de la democracia es amenazar con la ruptura del proceso democrático, proceso que es muy apreciado por los ciudadanos de este país y que están comprometidos con él.
Desde los partidos, desde las candidaturas, sería oportuno que los mensajes a la opinión pública sean hechos con mucho cuidado, precisamente en respeto del apego a la Constitución y a la democracia. Se podría decir que quien propone vías diferentes está perjudicando a su propio partido, pues lo desprestigia ante el electorado nacional.
Este hecho tendría que hacer meditar a los políticos del país. El proceso electoral debe ser cuidado como uno de los tesoros más preciados, en vista de que concentra las esperanzas y la vocación democrática de los bolivianos.
Los candidatos deben saber que la ciudadanía nacional ha optado definitivamente por la democracia y que no ha de cambiar de criterio para favorecer a nadie. La inclinación democrática de los bolivianos está por encima de los intereses de cualquier candidato. El país ha hecho muchos sacrificios por preservar la democracia y ha de defenderla por encima de cualquier otra consigna. Los desatinos a sólo dos semanas de producirse las elecciones nacionales pueden ser muy costosos para el proceso en sí mismo, y lo que cabe en esta recta final es concentrarse en lo importante, que no es otra cosas que dotarle al país de gobernantes elegidos por la vía democrática.