En un periódico de distribución gratuita de Londres leí alguna vez una historia absurda acerca de Bolivia. Por esos días los militares bolivianos estaban alternándose en la presidencia con mucha agilidad. Para escribir sobre el tema, seguramente el autor hizo un solo esfuerzo: observó el mapa de la región. Y escribió la siguiente explicación de la crisis boliviana: Cuando Bolivia perdió su territorio sobre el Pacífico, toda la armada boliviana fue trasladada al lago Titicaca. Ahora, tantos años después, los militares están cansados de dar vueltas en el lago con los barcos de guerra, sin poder volver al Pacífico. De ahí el descontento militar.
En estos días previos a las elecciones generales hay otros autores que están mostrando similar desorientación para entender a Bolivia. Sobre todo me han preocupado dos personajes que fatigan las páginas de los diarios de la región con visiones absurdas.
Alvarito Vargas Llosa y su amigo Alberto Montaner. El primero ha escrito, en un rudimentario inglés, un artículo en que incluye algunos lugares comunes sobre Bolivia, de aquellos que repiten funcionarios de embajadas en La Paz a todos los apurados enviados especiales. Dice que Evo Morales quiere hacer con el gas lo que otros hicieron con el estaño en 1952: crear una empresa estatal corrupta e ineficiente. Y luego dice que la oposición de Morales a la exportación de gas por un puerto controlado por Chile provocó el descontento de la moderna y próspera "provincia" de Santa Cruz que ahora quiere separarse de Bolivia.
El otro, con el que el hijo de "Varguitas" escribió un libro a favor de las privatizaciones de la región, antes de que el Banco Mundial hiciera conocer su autocrítica y arrepentimiento por haber alentado esa ola, dice que con Morales en la presidencia aumentará la producción de coca. "Pero tan peligroso como la droga y las mafias que la controlan es la guerra potencial contra Chile. Con aliados como Cuba y Venezuela, es posible que Bolivia intente recuperar manu militari los territorios perdidos en la guerra del Pacífico".
Es cierto, la crisis boliviana es muy compleja. Quizá por ello estos señores, como muchos otros, propios y ajenos, acuden a los lugares comunes. Observan el mapa y escriben.
Quienes no quieren cometer estos errores tan garrafales, tendrían que aprender algunas cosas sobre Bolivia. Por ejemplo que las encuestas no son buenas. Si en las elecciones de 2002 tuvieron un margen de error de 50 por ciento, cuando dieron a Mánfred Reyes Villa 42 por ciento pero él obtuvo sólo 20 por ciento de los votos, será difícil que ahora estén más acertadas. Están ante el mismo electorado, al que no le gusta revelar sus preferencias.
Otro consejo. No tomen a pie juntillas algunas frases referidas a la división de Bolivia. Fueron creadas por una campaña de amedrentamiento cuando se estaba elaborando la nueva ley de hidrocarburos. Y otro más: Bolivia no le hará la guerra a nadie, a nadie más que a la pobreza y a la ignorancia.
Eso sí, al cumplir estos propósitos, Bolivia dará algunas lecciones de política a la región. Marcará el sendero por el que irán otros, cuando se atrevan. Nada más. Para escribir sobre Bolivia no es bueno sólo mirar el mapa.
*Humberto Vacaflor G. es periodista
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