La soya y el camino futuro a seguir Hay la creencia de que el sector oleaginoso es poco competitivo, pero se trata de una información errónea. Tiene un nivel envidiable de competitividad y su única desventaja es provocada por el enclaustramiento del país, entre otras cosas.
El complejo oleaginoso boliviano es producto de un largo esfuerzo y su resultado es la existencia de un sector económico de gran impacto en la economía y que se diferencia de otros que tuvieron igual impacto, en que no es extractivo, pues no consiste en la explotación de un recurso natural no renovable.
El sector soyero es el orgullo de Santa Cruz y de toda Bolivia, pues se trata de uno de los logros alcanzados por el trabajo coordinado de ciudadanos de todo el país e incluso de empresarios llegados del exterior. Un sector que genera empleo, ingresos y que tiene un efecto multiplicador muy amplio en otras regiones y en otras actividades, como el transporte.
Gran parte de esto está ahora en peligro porque llegó el anuncio de que las preferencias arancelarias con que contaban las exportaciones del complejo oleaginoso boliviano en la Comunidad Andina de Naciones se han prácticamente acabado. Es decir, que para seguir exportando a esos mismos mercados, el sector oleaginoso boliviano tendrá que competir en igualdad de condiciones con productores de otros países.
Los exportadores de soya y sus derivados habían estado avanzando en el propósito de abrirse nuevos mercados, precisamente por el temor que existía de que las preferencias andinas lleguen a su fin en algún momento. Los países de la subregión habían estado regateando la aplicación de esas preferencias, a tal punto que para que las mantengan había que hacer gestiones especiales todos los años.
Ahora, esos países dicen que los compromisos que han asumido con la firma de tratados de libre comercio bilaterales les impiden seguir cumpliendo con el sistema de preferencias establecido por la CAN. El bilateralismo de los TLC ha venido a dar el tiro de gracia a este esfuerzo de integración que comenzó en los años sesenta. Las exportaciones bolivianas con destino a los países andinos sumaron el año pasado un total de 501 millones de dólares, de los cuales 400 millones fueron oleaginosas, principalmente torta de soya. El sector genera 150.000 empleos, entre los directos e indirectos.
Hay la creencia de que el sector oleaginoso es poco competitivo, pero se trata de una información errónea. Tiene un nivel envidiable de competitividad y su única desventaja es provocada por el enclaustramiento del país, por las distancias, que llegan a sumar hasta 35 dólares de sobrecostos por tonelada. Incluso países vecinos que se dicen amigos de Bolivia ponen en las fronteras todo tipo de pretextos para perjudicar el paso de las cargas bolivianas. Hace poco, el sector participó en un acuerdo de competitividad en que fueron identificados más de 100 factores, pero 20 de ellos tienen que ver con decisiones y políticas que están en el marco de las atribuciones del Gobierno. Entre esos factores están la infraestructura, el financiamiento, la tecnología y la promoción externa.
El anuncio de que se acaban las preferencias arancelarias de la Comunidad Andina de Naciones es un remezón que debería hacer meditar al país sobre el futuro de la subregión andina, y analizar las perspectivas comerciales que surjan de otro tipo de acuerdos. Un gobierno estable ayudaría mucho a avanzar en ese camino hacia el futuro del sector.