Las elecciones de hoy van a tener, a mediano y largo plazo, la importancia de mostrar los tamaños de los segmentos en que se dividen las preferencias políticas de los bolivianos cuando están ante perspectivas realmente opuestas. Y cuando han desaparecido los partidos que no permitían ver el bosque, sino sólo la hojarasca.
El vendaval de las protestas sociales se llevó las estructuras políticas del pasado y ahora los pedazos han comenzado a caer en un nuevo mapa político. En esta elección se verá el nuevo espectro político de Bolivia, que tiende a tener menos polos que el anterior.
Es en ese sentido que estas elecciones van a producir un gobierno transitorio más. No es que vaya a ser corto o inestable necesariamente, sino que será el último gobierno antes de que se hagan las verdaderas elecciones, con candidatos bien definidos para cada una de las opciones que serán identificadas ahora.
Además, hoy terminará la práctica del voto castigo para los partidos de la corrupción y el desgobierno. Será el entierro de esos partidos. Los votantes no tendrán que volver a castigar a los partidos del pasado en las próximas elecciones. Votarán por las propuestas. No será más un voto flagelación, sino un voto opción.
En las próximas elecciones los candidatos tendrán que ganarse los votos con más esfuerzo que ahora. Tendrán que hacer propuestas para el futuro y no solamente decir que ellos son diferentes de los políticos anteriores. Deberán ser capaces de mostrar que son diferentes porque tienen ideas y no solamente porque se llaman otra cosa o son de tal o cual color. Necesitarán ideas y no solamente consignas. Y ninguno recibirá votos protesta. Tendrán que ser votos propuesta.
Entonces, esta elección es la preliminar. Es la anterior a la elección importante, o a las elecciones importantes que vendrán después de ahora, luego de que hayan sido identificados los segmentos en que se divide el nuevo espectro político boliviano.
Todo esto, por supuesto, tiene un lado malo. Otro gobierno transitorio más es demasiado para el país. Son muchas las decisiones que van quedando pendientes de definición, durante demasiado tiempo.
Desde que comenzó el nuevo siglo Bolivia se está hundiendo en una peligrosa parálisis económica. La subvención a los derivados del petróleo ha creado una ficción que comienza a ser peligrosa. Los precios internos se han hecho demasiado bajos en comparación con cualquiera de los cinco países vecinos. Esto produce, para comenzar, una corriente de contrabando de los carburantes subvencionados, con lo cual el Estado boliviano termina subsidiando el consumo de casi todos sus vecinos. Lo que se convierte en una paradoja, pues los G-8 ponen a Bolivia entre los países más pobres del planeta para condonar la deuda externa, y Bolivia subvenciona el consumo de sus vecinos, que no están en la lista de los más desgraciados. Lo que lleva a otra paradoja: los dos países más importantes de Sudamérica están esperando que Bolivia decida venderles más gas natural.
El temor es que el gobierno que salga elegido hoy no resuelva ninguno de estos problemas. Al fin y al cabo será transitorio y tendrá la tentación se seguir actuando para la platea, como lo han hecho todos los de este nuevo siglo.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
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