Potosí se congeló en el tiempo Tacones y botas de los 70, vestidos de gasa y tul o drapeados, discos de vinilo, lámparas a querosén, pañuelos bordados o hilos para remendar; eso y más se puede hallar en el casco central de Potosí, en tiendas de amables propietarios.
45 AÑOS DE MÚSICA • La colección de Severina Montalvo tiene long plays y singles, que aún escucha en el tocadiscos.
En algunos sitios de la Villa Imperial, el tiempo parece haberse detenido. Pasaron siglos y varias décadas, y aún existen espacios donde venden ropa, calzados, utensilios y artefactos reconocidos por su duración y calidad.
De hecho, ese aire pasado aún se respira en las estrechas calles de Potosí, y también en la tienda La Castellana, ubicada en el bulevar. Allí, el cliente aún puede hallar telas españolas, lámparas a querosén, calzados, cristalería francesa importada, pañuelos bordados con hilo de Celanese, hilos de algodón para remendar y bordar, calcetines de algodón escocés, jarras de acero inoxidable argentino marca Carol, atuendos fuera de boga y hasta un rosario checoslovaco a la venta.
Su propietario, Abel Fernández, impulsa el sostenimiento del negocio que, en épocas pasadas, importaba numerosas cantidades de objetos y ahora menos.
A dos cuadras, en la calle Bolívar, mercaderes alemanes instalaron La Elegancia. El actual propietario, Félix Villarroel, se toma un tiempo para explicar gentilmente a La Razón la variedad de calzados e indumentaria que comercia para mujeres y varones.
De colores rosado, celeste, negro, café y en diversos modelos los calzados y botas “que ya no se ven en ningún lugar se encuentran en esta tienda”, dice.
En sus aparadores hay mercadería traída de Sudamérica y Norteamérica. “Del norte Argentino nos venían a comprar ropa”, recuerda Villarroel, y su esposa Mary interviene haciendo notar que la gente se cambiaba en la tienda “con camisas y sacos los hombres, con vestidos, carteras y tacones las damas”.
Entre los trajes están los de modelo “torero”, vestidos de noche con gasa y tul, drapeados, algunos cancanes de los años 60, abrigos de dos caras y camisas.
La excursión por sitios retenidos en el tiempo prosigue y llega al mercado central, a la caseta de la Disquera Marvin, que conserva discos de vinilo. “Son mis tesoros, el más antiguo es el disco del Trío Los Panchos”, dice Severina de Montalvo propietaria de la disquera. Ahora, ella, su esposo y sus hijas, apelan a la tecnología y los reproducen en formato de disco compacto.