La noche del 18 de diciembre la desolación reinaba en el cuartel general de Podemos. La verdad es que ingenuamente ellos creían que iban a ganar los comicios. La terca realidad se encargó de ahogarles la fiesta pero, más allá de lo anecdótico la pregunta es ¿cómo la derecha boliviana puede llegar a tal nivel de enajenación para no darse cuenta del vendaval que se les venía? Dicen que cuando el tsunami se levanta muy pocos se retiran de la playa. Eso pasó. Quizá los más lúcidos ya anunciaban que podían salir segundos y por eso ya estaban preparando el discurso para que Tuto se excuse de su compromiso de respetar la primera mayoría. Pero nadie imaginaba la magnitud de la paliza que iban a recibir.
Y es que los políticos tradicionales conocen poco a Bolivia y a los bolivianos de a pie. No es un mal sólo de ellos. Ni hablar le pasa a muchísimas personas que, antes de octubre de 2003, creían que El Alto solamente era un barrio camino al aeropuerto. Le pasó a una reina de belleza que creyó que en Santa Cruz eran blancos y altos, la mala noticia es que los morenos y chatitos (que son la mayoría también en la capital oriental) se han hecho sentir en las urnas.
Les ha pasado también a las encuestadoras que nunca repararon que los subalternos tienen sus propios libretos ocultos, que dicen una cosa cuando se les pregunta y que a la hora de hacer pueden realizar exactamente lo contrario. Años de sometimiento han llevado a que los de abajo jueguen roles de enmascaramiento de lo que piensan.
No es que las encuestas no valgan, sino que en épocas como las que vivimos su valor debe ser relativo. Ellas vieron la punta del iceberg, pero no pudieron evaluar la cantidad de masa de hielo que había bajo el agua.
Ahora que esto de no conocer Bolivia empeora cuanto más acomodado es el ciudadano. Lo que pasa es que si uno prefiere ir a Miami de vacaciones y no a cualquiera de los lugares paradisiacos que existen en nuestro país difícilmente se puede lograr adentrarse en el pensamiento del resto de los habitantes del país.
Es hora de tender puentes y eso debe hacerse, entre otros caminos, a través de los medios de comunicación. No basta con informar sobre lo que hace el poder, la política y la economía. Hay que mostrar la Bolivia de los municipios y hay que retratar a hombres y mujeres de a pie tal como son, con sus luchas, sus frustraciones y sus sueños.
Hay que crear medios que muestren la calle y la cotidianidad. Basta de pensar que información es que un hombre muerda a un perro. Bolivia la desconocida merece un periodismo que no busque lo espectacular sino que nos ligue con la patria profunda. Claro esto que escribo no lo va a entender Unitel que es un medio político destinado a defender los intereses de los empresarios que lo crearon. Sin embargo, tengo la esperanza de que en otros lugares se puedan hacer mejores medios de comunicación y más puentes. La propia empresa privada nacional debe comprender que para transformar este país en una Bolivia de productores y de consumidores primero hay que saber qué piensa y qué quiere la gente. De otra forma seguirán las sorpresas y las caras largas.
*Jaime Iturri Salmón es periodista.
Morale(s)jas
Todo proceso electoral, ¡y el reciente ha sido pródigo en ello!, deja alguna lección; la democracia es un aprendizaje permanente y tal es su encanto —imaginarla como pura mecánica cívica es aterrador—.
Un camino peligroso
Los espacios radiofónicos de la Cope que han suscitado un dictamen adverso del Consejo Audiovisual de Cataluña (CAC) son un muestrario, ni siquiera exhaustivo, de lo que nunca debe hacer un medio de comunicación: mentir, denigrar, atizar el odio entre los ciudadanos.
Gente humilde
La cabra tira p´al monte, dirá algún compatriota colla sobre mi propósito de terciar en la controversia sobre el manifiesto cruceño Para seguir desencantando la tierra. Respondo en las palabras de una guaraya: ¡pero craro! Como afirma la canción de Los Beatles
El primero, después de Benito Juárez
Evo Morales, indígena, ya es presidente electo de Bolivia. Y es el primer indio después de Benito Juárez, que presidió México a mediados del XIX, en llegar democráticamente a la jefatura de Estado en América Latina.