Un simple espectador de las campañas políticas bolivianas, descubre en ellas un enorme componente de ilusión, que se podría categorizar como mágica. De alguna extraña manera, todos los gobiernos anteriores parecen haber sido traidores, pícaros y perversos y, por lo tanto, culpables de la peor situación de pobreza de Sur América (realidad innegable), mientras los seguidores están seguros de que su candidato... ¡Esta vez sí va a sacar al país en cien días de la postración en que se encuentra! Tendremos mágicamente, empleo, vías, salud y felicidad para todos.
Cuando la típica coalición, ideológicamente incompatible, llega al poder y se da cuenta de que el desarrollo es el fruto del trabajo estratégico, coherente, solidario y ético de una o varias generaciones, desarrolla un plan de contingencia para salvar la cara y el ingreso de los copartidarios. El resultado ha sido, con excepciones puntuales, la perpetuación de la pobreza.
Por primera vez, desde que conozco a Bolivia, se tiene un gobierno elegido por una mayoría, con un mandato de inclusión política, social y económica que no puede caer en el facilismo de un plan de contingencia para salvar el pellejo. La tarea es inmensa, sólo comparable a la que el doctor Paz enfrentó en su momento. Ya no son posibles las soluciones caóticas, surgidas de la conveniencia, la fuerza o la debilidad. El desarrollo elusivo no demanda genios superdotados —éstos pueden ser siempre contratados— pasa más bien, por: a) un liderazgo (que ya se tiene y debe luchar contra el mesianismo), b) una estrategia realista y pertinente (la siento polarizada y atomizada todavía), y c) una credibilidad creciente que llamamos "gobernabilidad" y que sólo se consolida gobernando con tino. Es decir, una buena estrategia que no cometa equivocaciones mayores al implementarse.
Dado el éxito de la Defensoría del Pueblo, mi propuesta sería la de que el nuevo gobierno sometiera sin compromiso alguno, cada medida, cada propuesta, cada gasto, a la consulta pública de una "Comisión de sentido común", conformada por unos seis bolivianos y bolivianas reconocidos por su visión independiente y profunda en sus respectivos campos, con la obligación de responder, en cinco días hábiles, "una página cándida" sobre lo que piensan al respecto, sin más poder que la fuerza de sus conceptos, que pueden aceptarse o no aceptarse a voluntad del gobierno.
El criterio del análisis podría ser una frase que conjuga el pensamiento de mi maestro Amarthya Sen, premio Nobel de Economía: "ningún país del mundo se ha desarrollado sin que medie un incremento sustancial del ingreso, las oportunidades y las libertades de su masa central de población". Esta sería una "oposición" inteligente, desinteresada e inmediata que podría evitar posibles errores y contribuir a la pertinencia y a la gobernabilidad.
Jorge Zapp es consultor internacional.
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