Cochabamba da su ofrenda por el trabajo La tradición andina señala que el primer viernes de cada mes se debe ofrecer una mesa a la tierra para pedir prosperidad. Ayer hubo ritos.
Deysi es una comerciante de la calle Uyustus de La Paz, de sus padres heredó la tradición aymara de las mesas, las k'oas y las ofrendas a la Pachamama; ayer presurosa compraba todo lo necesario en la calle Santa Cruz, para cumplir el rito en una de las apachetas del altiplano.
Ella cumple con esta costumbre no sólo porque es parte de su cultura sino porque su fe le ayudó a consolidar su negocio y su familia; además, poco a poco acumuló algunos bienes. Es por eso que esta primera ofrenda del 2006 es importante para Deysi, porque está cerca la Alasita, cuando manifiesta sus deseos comprando miniaturas que el tiempo, su trabajo y su fe convirtieron en realidad.
La k'oa y las mesas no sólo se ofrendan en La Paz; en Cochabamba se instalaron las mesas para realizar la k'oa del primer viernes del año y se cumplieron los ritos de la fecha.
Esta tradición está tan arraigada en la capital del valle que se complementa con la fe católica. Los primeros viernes de cada mes, por las noches, hay misas en los templos de La Recoleta y de Cala Cala, y las vendedoras de api, anticuchos y rosquetes se instalan para la celebración.
Las mesas para quemar cuestan aproximadamente 50 bolivianos y contienen algunas frutas. Según los expertos, deben llevar una manzana para que no falte amor, y uvas para tener suerte en el trabajo o en los negocios. Además contienen velas de todo color, verdes para tener dólares, rojas para la pasión, amarillas para la prosperidad y cafés para la salud.
También se profundizó la devoción por el Tata Bombori, la imagen de un santo de no más de 25 centímetros de alto que está en la capilla de Tarata, en la zona de La Angostura. Es conocido como el “señor del trabajo”.
Sus devotos le llevaron flores, vino amarillo para el bienestar y rojo para el amor, y no dejaron de dar 12 vueltas alrededor de una cruz, una por cada mes del año. La celebración termina con música de acordeón y baile.
Los cochabambinos, además, visitan al minerito milagroso, Juan Pablo Inofuentes, quien fue asesinado en 1985. Cuentan que luego de su entierro apareció para preguntar por su familia; en el lugar se puso una cruz que es visitada. Redacción central y Cochabamba