La coyuntura es excepcional para que el MAS nos demuestre su oportuna de conducta. El pasado 18 de diciembre la ciudadanía boliviana acudió disciplinadamente a los recintos electorales y cumplió con su deber buscando una alternativa que nos permita acceder a un sistema político renovado que se transforme cualitativamente.
Es evidente que la ciudadanía comprende hoy con mayor claridad que antes lo que sucede en las formalidades políticas y sabe qué intereses se juegan. Amplias capas humanas marginadas toman conciencia de su historia, de su cultura, de su número y reclaman por una activa representación y participación. Parece ser que los niveles de frustración, descuido y desprecio hacia el sistema político y sus actores han transitado hacia la cosecha de esperanza y cambios que el Movimiento al Socialismo ha sembrado.
De hecho, en los 23 últimos años de ejercicio democrático, ningún aspirante al sillón presidencial había logrado aglutinar un porcentaje suficiente de votos que le permitiese ejercer una administración de gobierno con perfil propio y con solvencia política, dejando atrás la polarización e ingobernabilidad como resultante de los contubernios, alianzas, disensos y consensos que se forjaban en el ámbito parlamentario.
Es por ello que, tanto los militantes como los simpatizantes del MAS, están en la obligación de dar respuestas democráticas a los desafíos que plantean los sectores que no votaron por Evo. Es decir, tienen por delante la ineludible tarea de dejar atrás los discursos y de ejecutar políticas públicas en beneficio de la mayor parte del conjunto poblacional boliviano.
Y dado que no comparto el criterio de quienes piensan que la democracia es celestina de cualquier antojo y sí respeto los espacios democráticos institucionalmente establecidos, espero a su vez, de parte de las otras fuerzas políticas con representación congresal una inclinación democrática.
En todo caso, la coyuntura es excepcional para que el MAS nos demuestre con su oportuna conducta que las actitudes de quienes creen que la democracia es tan sólo un medio más para alcanzar objetivos ideológicos o materiales han quedado atrás, al igual que esa variedad de escenarios antidemocráticos para plantear y obtener esa gama variopinta de demandas sociales.
Con el trasfondo de estas consideraciones, concordaremos que hoy y aquí, los bolivianos/as tenemos las condiciones dadas para poder forjar un sistema democrático que no impida la integración y participación sin discriminaciones de ningún tipo.
Estamos en una coyuntura histórica que puede deambular por las sendas del encuentro o el
desencuentro. Espero que —sin excepción alguna— todos los ciudadanos/as y los habitantes que existimos en Bolivia, sepamos aprovechar las ventajas de esta oportunidad histórica, estemos a la altura de los desafíos y deambulemos por nuevas sendas de convivencia política y organización social.
*Mariella Pereyra es cientista política.
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