En Cochabamba la mujer ocupa el lugar del jefe de familia La migración es causante de que los roles de género se hayan invertido. Ahora la mujer, la esposa de un migrante, se ocupa de mantener el hogar. El matriarcado se extiende sobre todo en el valle alto de Cochabamba.
LOS CENTROS DE ABASTO • En Bolivia, pero especialmente en Cochabamba, las mujeres desempeñan un papel fundamental en la economía familiar. En la foto, una vendedora de frutas.
Carmela Sejas es una campesina de Morochata que tiene que encargarse de la alimentación y el vestido de sus seis hijos y de los tres vástagos de la hermana de su marido. Quedó sola en Cochabamba luego de que el padre de sus hijos migrara a España, donde trabaja de albañil, para ahorrar dinero y darle un mejor futuro a su familia.
Ella se levanta muy temprano para cosechar papas, junto a su cuñada. Ambas se abrigan mucho para empezar esta labor al amanecer, y con ayuda de sus vecinas y otros familiares terminan de extraer los tubérculos las primeras horas de la tarde.
Antes de que anochezca, se cambia de ropa y se pone su pollera corta y una blusa blanca. Peina su largo pelo en dos trenzas y con su mejor atuendo de chola se va a negociar con los camioneros del lugar. Gracias a su habilidad, evita que el transportista disminuya la porción de papas con las que se quedará por llevarla hasta la Cancha.
Al llegar al principal mercado de la ciudad, se instala en un puesto prestado por una vecina de su pueblo, donde vende toda su producción y retorna junto a su familia para empezar a disponer el dinero que acaba de ganar. Falta poco tiempo para que Julián, su marido, vuelva del extranjero.
Similar situación vive María Alcoba, una mujer que radica en Tarata y que administra, atiende y limpia el negocio familiar: una chichería que se abre de lunes a lunes y que junto a sus dos hijas sacan a flote con el dinero que generan. Ella se encarga de comprar los implementos necesarios para elaborar la chicha, fermentarla, fijar su precio, venderla, lavar los vasos sucios e incluso sacar a los borrachos de su negocio. El hombre de la casa se fue a trabajar a la Argentina y en su familia todas esperan su retorno para mejorar la situación económica.
Según el análisis publicado en el ensayo “Familias que no conyugan e identidades que no conjugan”, de la analista social Susan Paulson, en los valles de Cochabamba existen altos índices de migración causantes de que el rol que desempeñan las mujeres dentro de la vida familiar sea la producción agropecuaria, la responsabilidad de hacerse cargo del comercio y el manejo de la economía.
De esta manera, la analista afirma que las complejas estrategias de vida, en las que se desarrollan estas familias desagregadas, se encargan de cambiar a través del tiempo y del espacio los roles de género y las identidades de hombres y mujeres, para “mantener la cohesión y la continuidad familiar a través de espacios distantes y culturalmente diferentes”.
Pero las historias de las mujeres que se encargan de sacar adelante a sus familias no se circunscriben sólo al área rural ni a la época actual, pues probablemente la primera manifestación que dieron las mujeres de esta zona del país surgió en la Coronilla, durante la época de la Independencia, cuando decidieron enfrentarse a las tropas españolas, porque los hombres de la ciudad se fueron a luchar lejos de lo que ahora es Cochabamba.
En la actualidad, también en la ciudad existen mujeres que sacaron adelante sus negocios, pues una de las principales empresas de transporte de pasajeros interdepartamental es dirigida por María Eugenia Montaño, una cochabambina que llegó incluso a postular por la Alcaldía de La Paz.
De igual manera, la principal empresa que vende comida rápida en Cochabamba, hecha en base a pollo, surgió con el esfuerzo de una mujer que empezó vendiendo pollo frito en un humilde puesto de la Cancha.
También una de las quintas más afamadas de la región, la única que trajo artistas internacionales de la talla de Ana
Bárbara o Los Bibys, es de propiedad de doña Máxima, una mujer de pollera.
Paulson aclara que en Cochabamba existe una tradición arraigada de protagonismo femenino en el manejo de la economía doméstica, los circuitos comerciales y la economía informal que coexiste con “el estereotipo cultural de las mujeres como madres dominantes que controlan a sus familias a través de relaciones de dependencia”.
Sin embargo, asegura que a pesar de que dentro del núcleo familiar se dan este tipo de relaciones, no se puede hablar de una sociedad matriarcal porque la mayoría de las organizaciones políticas de esta región del país siguen siendo manejadas por hombres, desde los sindicatos, los concejos municipales, la Prefectura, el Comité Cívico, hasta las representaciones legislativas.
“Las complejas estrategias de vida se encargan de cambiar los roles de género”. Susan Paulson